miércoles, 22 de octubre de 2008

Ciencia Política y Desarrollo Rural

Con el acelerado aumento de la población en los centros urbanos, el incremento de la migración campo-ciudad, muchos (entre los que me incluyo) indicábamos un descenso seguro de la ruralidad, en Chile y el resto de América Latina. Esta semana el PNUD a través del Informe de Desarrollo Humano (IDH) mostró lo contrario. ¿Qué sucede?, pues bien la dinámica parece ser muy simple y deviene de las contradicciones propuestas por la política, en la medida que la población urbana se expande el número efectivo de demandas aumenta expotencialemente, un juego propio de la economía política. Con esta dinámica los costos sociales y psicológicos en el área urbana aumentan en relación a los previstos en lo rural, entonces ¿quienes sustentan la población rural?, pequeños productores, propios de la Agricultura Familiar Campesina (AFC) quienes con su trabajo y alejados del transporte, de los servicios básicos y de comodidades tales como el Mall, sustentan el 45% del PIB nacional, y sólo la región metropolitana (el centro urbano más importante del país) produce el 35% de los productos agrícolas del país (Chile Potencia Alimentaria y Forestal)

Si, aquella población que históricamente ha sido objeto de estudio de la antropología y la sociología y donde encontramos inmensos recursos académicos para entender las dinámicas y el trabajo rural. Pero, que rol ha cumplido la Ciencia Política, arte del estudio social (WEBER), en el desarrollo rural. Haciendo un rastreo por el limbo académico en ciencia política encontramos poco y nada. Motivos, las ideas e investigaciones en politología sólo se centran en instituciones y procesos políticos que no permiten la inclusión de lo rural. Al parecer lo rural no posee influencia directa en las instituciones democráticas, puede que esa pequeña fracción de población sea tan dominada que investigar sólo persiga documentar relaciones de dominación urbano-rural institucionalizadas.

Durante mi trabajo he observado que estos hombres y mujeres rurales en su día a día entregan su esfuerzo a la sobrevivencia, siendo ciudadanos alejados de las decisiones, no tiene las características de la población urbana, sin embargo, tiene el derecho de hacer parte del debate nacional de sus demandas y nosotros como cientistas sociales de indagar es sus problemáticas y demandas (mira que son muchas).....

sábado, 5 de enero de 2008

MUNDO EN TRANSFORMACIÓN JUVENIL

Hoy, y siempre aquellos niños impacientes y con cara de aburridos nos presentaran nuestro futuro. Esos niños, son nuestros jóvenes quienes buscan un puesto en la sociedad en base a deseos, ambiciones, esperanzas o estupidez.

¿Quién pensaba que estos niños iban a iniciar revueltas y presiones políticas? Si, hace diez años estaban jugando con autitos. Es este nuestro futuro, un futuro innovador de nuevas ambiciones sociales, económicas, políticas y culturales, un mundo distinto, ¿por qué?

Hace poco, no más de cinco años un presidido consejo de ancianos mapuches índico lo que más tarde se conocería como “Transformaciones Culturales”. Hoy, ese proceso se encuentra en pleno crecimiento. La globalización como proceso múltiple, es su principal vía (aunque no exclusiva) en ella se reflejan nuevas formas de comportamiento, la cultura se extrapola a nuevas formas de apreciar el mundo, nuestro espacio se transforma y nos conduce nuevas sensaciones, lo que antes era nuestro hoy es de todos, este mundo comienza a cambiar y nadie saben dónde llegará.

Pero que significa transformaciones culturales, ¿Pensamos diferente? ¿Vemos otro mundo? ¿Qué cambia?

Sí, siempre hemos pensado diferente, el mundo en su particularidad es un mundo de diversidad donde cada elemento es significativo por su inigualable singularidad, sin ella el mundo sería una copia del todo, un ente auto-administrable donde cada elemento sería al mismo tiempo una comprensión del todo, nada sería al azar todo estaría controlado por el todo.

Es este mínimo detalle lo que hace de los jóvenes la piedra angular de nuestra transformación cultural. Sin ellos nos sería imposible acomodarnos a la vía globalizadora, ellos en su calidad de futuro son los que permiten mantener la singularidad, mantenernos en nuestro mundo abogando por pertenecer unos a otros velando por la mancomunidad de nuestro tiempo.

Jóvenes, incierta palabra para aquellos que no ven futuro, pero sí, son ellos los que dirigirán el destino de nuestro pasado, un mundo que no conocemos y quizás nunca lleguemos a conocer, otro mundo.

Se preguntarán ¿qué jóvenes son? ¿De dónde y cuándo llegarán? Ante la primera interrogante, la respuesta es simple, todos…todos, los jóvenes lo son todo en lo urbano y en los rural, ser joven implica ser futuro y para aquellas zonas pobres, ser joven implica aumentar las posibilidades de escapar de la pobreza. Un joven es potencial de capital, es un activo social especial, es el único activo que a medida que se utiliza y forja, aumenta su valor, es decir, es el activo no depreciable por excelencia y en su calidad de activo, permite acrecentar las ganancias del todo que lo rodea.

Para la segunda interrogante, la respuesta es no llegarán… “los jóvenes siempre estarán”. Y cómo jóvenes hay que entregarles atención, ya que ellos aún no saben que son el futuro…apóyalo, aconséjalo, ábrele puertas y los ojos que nosotros dejamos el mundo dando paso a su mundo, el mundo de nuestro pasado.

Siempre se habla cuando… yo era joven podía hacer estas dificilísimas proezas, que hoy ya no se hacen… bueno esta juventud que ves ahora también puede hacer aquellas proezas, pero sin tu ayuda podría cometer los mismos errores que tú.

Nuestra juventud es un activo inconmensurable, imposible de contener… impossible is nothing… dice un conocido comercial. Bueno sí, nuestra juventud es un centro de energía, habilidad, aprendizaje y conocimiento que nosotros no llegaremos conocer. Sin embargo, todo ese potencial es inservible, si no utilizamos ese activo perdemos la posibilidad de mejorar cualitativamente las condiciones de vida de cientos de miles de personas en el mundo...CONTINUARÁ

viernes, 31 de agosto de 2007

ESTE BLOG ES TUYO

Estimados,

Debido a la baja importancia que ha representado este sitio para todos nosotros, quiero invitarlos a utilizar este medio para comunicar nuestros conocimientos y/u opiniones sobre nuestra disciplina o cualquier trabajo que les resulte pertinente.

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viernes, 23 de junio de 2006

Relaciones Internacionales



La vigencia del miedo hobbesiano en el “Tercer debate” de la política Internacional.

Juan Carlos Aguirre.
Ciencia Política.


“ Las fronteras de la anarquía/miedo hobbesiano pueden volver a trazarse (a través de un cambio de alianzas y de pertenencia a bloques, pero nunca podrán eliminarse en ausencia de un Leviatán. Allí donde las fronteras del miedo hobbesiano hayan sido eliminadas entre dos países, la cooperación política y económica entre ellos se alcanzará con mayor facilidad”. ( Sanders, D. 1996: 635)

Bajo que condiciones opera el principio de reciprocidad. Esta es una cuestión fundacional en cualquier análisis de política exterior que se pretenda a bordar, sobre todo cuando se acepta el supuesto a mayor integración, mayor interacción y, por lo tanto, mayores probabilidades de conflicto.
En el caso chileno, se vislumbra, en un primer acercamiento (de forma algo superficial ), que para Chile, las “alianzas estratégicas” fuera de la región parecen ser los objetivos a perseguir por parte de las autoridades como de los decisores, lo que pude ser demostrado observando los acuerdos con grandes potencias mundiales en el ámbito económico, denostando el proceso de integración regional el cual, a su vez, ha sido un elemento fundamental para la estabilidad de las relaciones fronterizas. Así, se infiere, rápidamente, que al parecer la integración política entre Estados-nación entre los países sudamericanos es escasa, ya que, descansa, exclusivamente, en la existencia de intereses comunes entre éstos. Es decir, los alcances de la política exterior de Chile, al parecer, se sustenta en un interés nacional ( a diferencia de los intereses comunes, exclusivamente fronterizos ) neutral (alianzas), que se materializan por medio de un modus operandi bilateral o de privatización de los conflictos. Por lo tanto, la pregunta central que guiará esta investigación, dice relación con el ¿ Por qué Chile a privilegiado una política exterior de alianzas estratégicas por sobre una de integración regional?. Una respuesta previa tendría que ir dirigida hacia la indagación en una teoría de los intereses, en donde puede fundamentarse bajo la noción del interés nacional ( visión clásica del realismo ), si entendemos los principios de la maximización de beneficios. Entonces, también entendemos la forma en que los Estados-nación tratan de especificar, proteger y promover sus intereses. Podemos asumir sin problemas que es “del interés de un Estado” el maximizar sus intereses. Pero eso no equivales a decir que el principio de maximización de beneficios revela todo lo que necesitamos saber sobre la protección y promoción de los intereses. Los intereses han de considerarse en su contexto histórico. Antes de que podamos especular de forma inteligente bien sobre las consecuencias de que los Estados tengan intereses en conflicto o solapados, necesitamos saber que es lo que los líderes consideran intereses de sus respectivos Estados. Esto sólo puede hacerse a través de un trabajo empírico laborioso, extenso y difícil. ( Sanders. 1996: 625)
Aquí, se asume el supuesto teórico del llamado realismo concesional que señala que “el sistema internacional esta caracterizado por la anarquía y la autoayuda. En ausencia de una autoridad efectivamente cohesionante y única, el Estado-nación a de recurrir fundamentalmente, aunque no exclusivamente, a sus propios esfuerzos para proteger los intereses económicos y de seguridad de sus ciudadanos”.
En el actual contexto mundial, pude suceder perfectamente que los Estados se preocupen menos por los beneficios relativos cuando tratan con aliados o naciones amigas. Sin embargo, el argumento fundamental es que cuando Estados “reales” tratan con aliados a largo plazo, el carácter general de su interacción es fundamentalmente diferente del tipo de interacción que tiene lugar cuando tratan con Estados con respecto a los cuales conservan una suerte de miedo hobbesiano. Así, de modo invariable, se asume que los Estados ven a sus pares como amigos o enemigos, ya sean reales o potenciales. (Sanders. 1996: 633)
La integración regional o las alianzas estratégicas. Esa es una disyuntiva difícil de aclarar y que va en directa relación con los Estudios Internacionales y la política exterior de los países. Por lo tanto, primero hay que señalar que la Teoría de las Relaciones Internacionales comienza a adquirir un corpus teórico recién en el siglo XX. Lo anterior se desarrolla al alero de la ciencia política, más bien, la ciencia política en su doble desempeño de estudiar, de una parte los fenómenos del poder y, de otra, la organización institucional de los Estados ha monopolizado el estudio de los asuntos internacionales en un amplio sentido (Ortiz. 2000: 18), es decir, se entiende a las relaciones internacionales como una sub-disciplina de la politología, básicamente por los conceptos de poder y dominación que parecen como constantes durante el análisis empírico del sistema internacional.
Sin embargo, paralelamente se ha desarrollado toda visión del cuerpo teórico de la sub-disciplina que da cuenta de los denominados “debates” de las relaciones internacionales. Así, hay autores como Eduardo Ortiz que señalan que el desarrollo de los estudios internacionales se ha dado a partir de tres “paradigmas” que son el idealista, el realista y el estructural-funcionalista. (Ortiz. 2000: 75)
Dejando de lado esta discusión, se debe señalar que el debate más reciente en las relaciones internacionales dice relación con la teoría de los regímenes internacionales, la cual se expresa en que el concepto de régimen internacional (categoría central en la Economía Política Internacional, aunque empleada en general en las Relaciones Internacionales) es casi exclusivamente un producto del diálogo neorrealismo-neoliberalismo (Salomón. 2002: 19) y la teoría de la integración regional (de la cual se da cuenta más adelante). Es así que, bajo este cuadro discursivo-fenomenológico, recién durante la década de los 90’ comienza a desarrollarse en la teoría de las relaciones internacionales estas disputas de carácter conceptual, bajo el alero de, fundamentalmente, politólogos y de los enfoques dicotómicos entre neorrealistas v/s neoliberales (Salomón. 2002: 2). El hecho de que recién en la década pasada comienza esta porfía, da cuenta de lo incipiente de la cuestión, lo que también se explica por el desarrollo del enfoque neorrealista-neoliberalista ( su convergencia), fundamentalmente de Keohane y Nye , quienes proponen (desde el neoliberalismo) que es el Estado el que aún continúa siendo un actor importante, más no es el único determinante, adquiriendo relevancia el sistema internacional, donde se considera que es posible utilizar la guerra para lograr la paz pero con límites, en este periodo surge la teoría de la sospecha, es decir, la guerra preventiva, por tanto se hace necesario realizar acuerdos regionales y supranacionales, lo que implica el surgimiento de interdependencias complejas entre los Estados, generalmente. Lo precedente, lo configuran a partir de su real convicción de dar cuenta de un enfoque válido para conceptualizar ciertos aspectos de la realidad internacional- con el enfoque de la interdependencia, dedicado al análisis de las relaciones transnacionales. (Keohane y Nye, 1988: 23-24) por lo tanto, “la internacionalización de la economía mundial ha llevado a las grandes democracias industrializadas a una interdependencia compleja, caracterizada por la existencia de múltiples problemas en la política mundial, numerosos actores (no solo los Estados), y la ineficacia del uso de la fuerza para la resolución de muchas cuestiones”.
( Keohoane. 1996: 674). Sin embargo, es necesario aclara que este modelo de análisis de la política internacional es un tipo ideal, pero sin duda, contrastable en la realidad, de forma general.
La interdependencia compleja, señala Keohane, expresa anomalía en tres dimensiones: 1) el Estado, que siendo aún el actor más importante en la política mundial, ha dejado de tener el papel predominante que tenía en el pasado; 2) las democracias liberales tienen un comportamiento en política exterior que es diferente al de los regímenes no democráticos. Dependiendo de la definición que cada uno adopte, o bien las democracias liberales no se enfrentan entre sí en absoluto, o bien lo hacen mucho menos de lo que cabría esperar; 3) la tercera anomalía, se refiere al papel fundamental de las instituciones internacionales en la política mundial contemporánea, en donde estas se definen como “conjuntos de reglas (formales e informales) duraderas y conectadas, que prescriben comportamientos, limitan la actividad y dan formas a las expectativas”. ( Keohane. 1996: 675-676). Así, el hecho de que los Estados apoyen y proliferen este tipo de estructura internacional obliga pensar que tales instituciones, realizan eventualmente, algún servicio a sus intereses, o por lo menos, los protegen en cierta medida, ante la inexistencia de un gobierno común, en forma, si se quiere, de Leviatán.
Siguiendo el mismo enfoque antes señalado ( que es multidimensional), la teoría de la integración regional, señala, en primer lugar que se avoca a la creación y mantenimiento de intereses y variados patrones de interacción entre unidades previamente autónomas
( Ibáñez. 1999: 2) además, ésta teoría aporta al cuerpo teórico de la teoría de las Relaciones Internacionales, distinguiendo y aclarando conceptos que desde el debate contextual se prestan a variados usos y confusas interpretaciones. Así, se diferencia entre:

1) regionalismo, en donde la integración regional se entiende como proyecto fundamentalmente político.
2) Regionalización, en donde la integración regional se vislumbra como proceso
3) Regionalismo abierto, se sustenta en la estrategia de desarrollo planteada por la CEPAL para América latina y el caribe, plan fundamentalmente de complementariedad económica. ( Ibáñez. 1999: 4)

En este documento se pondrá énfasis en la teoría de la integración regional como “regionalismo o proyecto” en detrimento del proceso (regionalización), básicamente, porque este fenómeno comporta la intensificación de las relaciones entre actores estatales y no estatales que forman parte de una misma región, pero a diferencia del regionalismo, el carácter político o el referente institucional de estos procesos no siempre están presentes ni es necesario que lo estén por ser, generalmente, un proceso de complementariedad económica.( Ibáñez. 1999: 4)
Por otro lado, un estudioso de la teoría de la Relaciones Internacionales a nivel latinoamericano, el profesor Carlos Murillo, se refiere a los regímenes de integración regional (en un intento de fusionar y conceptualizar las teorías de regímenes internacionales y teoría de integración regional) como un progreso en los estudios internacionales, aunque reconoce que aún hay un vacío respecto a este fenómeno y a aspectos puntuales como el de la “dimensión política de la integración regional” ( Murillo.2004: 14). Esto obliga a observar el problema a partir de elementos definidos previamente, tales como: la interacción entre estructuras internas y externas frente a los procesos regionales; las fuerzas y factores condicionantes de la integración; los objetivos políticos, económicos y sociales de los actores; la dinámica de las negociaciones en el marco del proceso regional; y las estrategias y acciones de los miembros de un esquema regional para atender el proceso de integración. Sin embargo, muy a menudo se tiende a confundir regionalismo e integración regional, sobre todo al no reconocer que se trata de procesos de un fenómeno específico: regionalización ( Murrillo. 2004: 14), posición similar a la expresada por Ibáñez en torno a la diferenciación conceptual. Pero aún más, el análisis se limita al ámbito económico, dejando en segundo lugar o incluso abandonando los ámbitos político y de seguridad. Por eso se habla de regionalismo económico, pero la integración política es distinta de esos esquemas. Se entiende como el proceso que tiene lugar cuando “un grupo de naciones llega a formular e implementar regularmente decisiones públicas vinculantes por medio de instituciones y/o procesos colectivos más que medios nacionales formalmente autónomos”. Por consiguiente, la integración puede ser definida como “la evolución, a través del tiempo, de un sistema de toma decisiones colectivo entre naciones”. Por lo tanto es posible hablar de profundidad o extensión de la integración que responde a la relación entre orientación y adaptación lo cual corresponde al grado en que los agentes se orientan hacia la estructura integrada y se adaptan a las directrices que generan las instancias regionales ( Murillo. 2004: 18). Por otra parte, el «dilema de la integración» adquiere relevancia, pues se debe tener en cuenta que la integración ofrece beneficios importantes, pero también serios desafíos al Estado. Además, cada estado enfrenta restricciones distintas para determinar su política integracionista, que responden a la posición internacional, a la estructura doméstica y a otros aspectos. Esto genera un dilema constituido por los pro y los contra de la integración regional, frente al cual aparece el “dilema de la alianza”, pues el impacto de la integración es mucho más amplio que el de la construcción de alianzas. ( Murillo. 2004: 21)
Ahora, por lo tanto, el fenómeno de la construcción de las alianzas estratégicas, por las cuales entenderé “ un intento por conformar uniones entre distintas entidades autónomas (generalmente Estados) con el fin de planear o dirigir un conjunto de actividades tendientes a determinar tanto la política exterior como la seguridad” ante la falta de un cuerpo teórico específico en la materia, se debe abordar desde la experiencia de los acuerdos internacionales firmados por un país determinado en virtud del planeamiento de sus respectivas políticas exteriores.
Por último, cabe señalar, que para el caso latinoamericano, al parecer, el proyecto de integración regional que ha sido el elemento estratégico central para la estabilidad de las relaciones fronterizas, sin embargo, tal situación ha devenido en un desapego a tal proyecto en el tiempo. Así, en los últimos años, el objetivo primordial de la política exterior vecinal ha sido consolidar relaciones estable y claras, antes que persistir en equilibrios precarios bajo la constante amenaza de tensiones en la frontera ( Fuentes. 1997: 12). Por lo tanto, se advierte que la relación “a mayor interdependencia, menor posibilidad de conflicto” no es tomada en consideración al diseñar la política exterior. Así, se infiere que la integración política entre Estados es escasa en América Latina, ya que tiende a descansar, exclusivamente, en la eventual existencia de “interese comunes” entre éstos. Es decir, la posición chilena va en dirección, como lo señala el supuesto, en privilegiar el interés nacional, definido como términos de poder, concepto que proporciona el vínculo entre la razón que intenta comprender la política internacional y los hechos que deben ser comprendidos (Morgenthau. 1990: p. 45) neutral (alianzas) que se materializa por medio de un modus operandi bilateral o de privatización de los conflictos. Al parecer, el miedo hobbesiano muestra su “mejor cara” en las relaciones vecinales de los países de la región.

Bibliografía

• Fuentes, Claudio. Interdependencia y seguridad en el Cono Sur. FASOC, Año 12, N1 1, enero-marzo 1997.
• Goodin, Robert y Klingemann, Hans-Dieter( editores). Nuevo manual de ciencia política . Ediciones. ISTMO. Madrid, España. 2001.
• Ibañez, Josep. El nuevo regionalismo latinoamericano en los años noventa. Revista electrónica de estudios internacionales. 2001. www.reei.org
• Keohane, R y Nye, J. Poder e interdependencia: “La política mundial en transición. GEL editores. 1988.
• Morgenthau, Hans. J. “Escritos sobre política internacional”. Tecnos. Madrid, España. 1990.
• Murillo, Carlos. Aproximación a los regímenes de integración regional. Revista electrónica de estudios internacionales. 2004. www.reei.org
• Ortiz, Eduardo. “El estudio de las relaciones internacionales”. Fondo de cultura económica. Santiago, Chile. 2000 .
• Salomón, Mónica. La Teoria de las Relaciones Internacionales en los albores del siglo XXI: “Diálogo, disidencias y aproximaciones”. Revista electrónica de estudios internacionales. 2002. www.reei.org

martes, 30 de mayo de 2006

Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle

Política económica y social
Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle


Las sociedades que progresan son aquellas que han logrado compatibilizar la igualdad de la democracia con la equidad en la economía, superando la desigualdad que genera la operación del mercado. Son aquellas las que han hecho posible que los valores de solidaridad e integración social se expresen en el comportamiento de la economía”.
Discurso de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.


El gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle que se desarrollo durante los años 1994 y 2000, significo que el país consiguiera un segundo gobierno de la concertación de partidos por la democracia. Ganador de la primera magistratura, arraigo la bandera de poder de la Democracia Cristiana (DC).
Tanto el gobierno como la DC, destacaron una política que permitiera superar los obstáculos que le impiden alcanzar un desarrollo. Por esta razón, fijó tareas prioritarias para su mandato.
En primer lugar, impulsó una profunda reforma al sistema educacional que aumentó la jornada escolar, elevó las remuneraciones de los profesores y los capacita, introdujo mejoras en la infraestructura, modificó los programas educativos y permitió el acceso de los estudiantes a las más modernas tecnologías. Con ello se pretendió asegurar una educación de alta calidad que garantizara la igualdad de oportunidades a todos los niños de Chile.
En materia económica, Chile consolidó una política que compatibilizó el crecimiento con la equidad. Es así como durante su mandato se logró un crecimiento promedio superior al 5 por ciento, inflación de un dígito y una significativa reducción en los niveles de pobreza.
Por último, fortaleció la apertura comercial del país reinsertándolo en la comunidad internacional. Hoy Chile es miembro activo del Foro de Cooperación Económica del Asia-Pacífico APEC, suscribió un Acuerdo de Libre Comercio con Canadá, firmó un Acuerdo de Cooperación Económica y Política con la Comunidad Europea y es miembro asociado del MERCOSUR.
Estas políticas, se enmarcan dentro de un contexto bastante auspicioso. De 1990 a 1996, la economía creció un promedio anual encima del 7 %. El gobierno redujo el desempleo y la inflación a un 6 %. Mejoró la educación, la salud y la expectativa de vida. Los gastos públicos sociales por habitante se expandieron en más de un 7 % por año, no obstante que la red de seguridad social siguió siendo insuficiente. En la primera mitad de la década, la población en pobreza cayó desde un 39 % hasta un 23 %, y la que se encontraba en indigencia bajo desde un 13 % hasta un 6 %. La productividad del trabajo se incrementó en un promedio anual de 4 %, el empleo 3 % y los salarios reales 5 %. (Drake.2003:149)
Sin embargo, ¿cuáles fueron los principales avances en materia económica y social del gobierno? ¿Fue un gobierno altamente cauto en materia social? o finalmente, ¿el gobierno de Frei sólo significo avances socioeconómicos limitados?
Para contestar estas preguntas primero es necesario abarcar cuales han de ser las políticas y sus resultados para entender los logros del gobierno de Frei.
Primero, se ha hablado mucho sobre el crecimiento económico que vivió el país durante los años 1994-1998, anterior a la crisis Asiática. Como antes se señalo, Chile se convirtió en uno de los países más promisorios del mundo con tasas de crecimiento superiores al 5%. Los ojos del mundo sobre Chile, un país procedente de un gobierno autoritario, que daba sus pasos a una inserción al mundo democrático, un propicio futuro “de los jaguares” de integrarse al selecto grupo de los países desarrollados. Que finalmente sólo alcanzo para ser uno más de los países en desarrollo.
Las características del gobierno de Frei involucraron la idea de un país con la capacidad de poder superar el subdesarrollo, de tener una sociedad equitativa y finalmente una sociedad democrática. Pero, ¿cuales fueron los avances sociales?
Si comenzamos un análisis del gobierno de Frei en materia social, primeramente, deberíamos hablar de la percepción ciudadana sobre el gobierno. En el estudio realizado por el Centro de Estudios Públicos (CEP) en 1996 cuatro datos son importantes:
a) Desde Mayo de 1995 a Diciembre de 1996 el gobierno tiene una aprobación de 48% y 36% respectivamente.
b) Cuando se consulta por la situación económica, un 49% indica ni buena ni mala, mientras un 16% indica buena y un 34% indica mala
c) Ante la pregunta: Calificación situación económica actual del país v/s calificación situación económica actual del entrevistado, existe una igualdad en ambas situaciones con un 49% que indica que la situación ni buena ni mala
d) Finalmente, cuando se consulta por los tres problemas a los que debería dedicar el mayor esfuerzo en solucionar el Gobierno, los primeros problemas son pobreza (42%) delincuencia (41%) salud (35%) y educación (31%)
Estos índices nos dan una pauta para poder hacer algunas conjeturas.
1) El gobierno de Frei no tuvo una alta aprobación de su gestión aún cuando la realidad económica indica que existía una economía en constante funcionamiento.
2) La percepción de bonanza económica en la sociedad no existía, esto se puede deber a que no coexistía una distribución equitativa de los rendimientos económicos a los factores productivos
3) El discurso del gobierno hacia una sociedad más equitativa y solidaria, estaba en contexto de acuerdo a la percepción ciudadana. Pero si existía un compromiso creado por el gobierno sobre esta materia, ¿Por qué aún preexistía la preocupación por la pobreza, delincuencia, salud y educación?

La política económica

Básicamente el gobierno de Frei dedico sus esfuerzos a potenciar el crecimiento económico, creando los sustentos para una economía de mercado, libre de regulaciones estatales. El país se situó con una tasa entre 1994 y 1999 similar a Corea, Malasia, y Polonia, superando claramente la de los países latinoamericanos, los que presentan tasas de crecimiento muy inferiores, del orden de 3% anual (Banco central. 2000:8)
El gobierno así como sustento la libre iniciativa económica, también sustento un equilibrado gasto fiscal, generando superávit cercanos a los obtenidos por economías Asiáticas. Asimismo, desarrollo una política de expansión de exportaciones colocando a Chile entre los países con mayor superávit comercial de la región 9.5%
Este simple análisis muestra que las fortalezas en materia macroeconómica de la administración Frei, particularmente en control de la inflación (6%), crecimiento económico, formación de capital, ahorro y, secundariamente, en equilibrio fiscal. En las áreas dónde la administración Frei no presenta ventajas son en la tasa de desempleo, la cuál no registró los progresos notables mostrados por otras variables macroeconómicas.
El desempleo promedio el 7% a pesar de la crisis económica del Asia Pacifico. No obstante, En los noventa, la participación femenina urbana en la fuerza de trabajo fue solamente del 37 %, más baja que en Argentina, Brasil o México. En 1998, las mujeres ganaron un promedio de 25 % menos que los hombres (Meller. 1999: 60-61)

Política social

La administración Frei, procuro dentro de su discurso aportar con mayor equidad y oportunidades para todos los chilenos. Ante el informe de Desarrollo Humano[1] que implica compatibilizar de manera sustentable ciertos objetivos sociales básicos, tales como la democracia, la integración social y el crecimiento económico, los datos arrojan el siguiente diagnostico:
El gasto en educación es la principal variación producida por el gobierno de Frei —aunque es necesario indicar que los datos son de serie de tiempo desde el gobierno de Aylwin— el aumento del gasto en educación se incremento en 143% durante 1990 y 1998. También el gasto de salud se incremento en 104% en el periodo 1990-1997.
En materia educacional, durante este periodo el tiempo de escolaridad promedio se incremento a un 9.3, siendo un nivel promedio 15. Asimismo, se aumento la tasa de inscripción educacional aumentando la cobertura preescolar de un 20.9% en 1990 a un 30.3% en 1998
Sin embargo, lo que siguió no solamente constante sino también aumento fue la distribución del ingreso per-capita. El coeficiente de GINI se mantuvo alto en 0.58. De esta manera, el aumento de los ingresos reales (51%) no significo avances sustantivos en esta materia.
Para 1996, el ingreso promedio del quintil superior de ingresos fue casi 14 veces mayor al ingreso promedio del quintil inferior de ingresos. Al mismo tiempo, muchos trabajadores sufrieron de puestos precarios, malas condiciones de trabajo, sindicatos impotentes, y servicios sociales inadecuados. Algunos trabajadores se encontraron con cambios difíciles en su lugar de trabajo, como la flexibilización, la fragmentación, la inseguridad del empleo, el trabajo temporal, las subcontrataciones, las horas largas, y la mecanización. Ahora el problema máximo no fue el empleo, sino la calidad de éste. Por eso, una encuesta en 1998 mostró que un 53 % de la población tenía la opinión que la economía había mejorado en la democracia, pero un 83 % tuvo la certeza que sus propias vidas no habían mejorado. (Drake. 2003: 152)
En términos de superación de la pobreza se mostró un descenso constante, mientras en 1990 a nivel nacional la población bajo la línea de la pobreza era el 36,6% en 1998 la población cayó a un 21.7%.

Política de Integración

El gobierno de Eduardo Frei R. fue el propulsor de la integración económica de Chile al mundo, mediante los acuerdos de cooperación económica en la región y los acuerdos de libre comercio (TLC). Los principales TLC, que comenzaron con el gobierno de Frei y que tuvieron su culminación con la firma en el Gobierno de Ricardo Lagos, fueron el TLC con EEUU. y con la Unión Europea (UE)
La lógica que sigue a este proceso es potenciar el crecimiento económico con mayor exportación de bienes y servicios, y asimismo incorporar bienes y servicios extranjeros a bajo costo. Los acuerdos son la base del programa de gobierno en política económica y de comercio exterior. Con los acuerdo se pretende llegar a metas de erradicación de la pobreza, crecimiento económico, distribución equitativa, mejorar la calidad de vida y vulnerar los ciclos económicos.
Si bien, durante la administración Frei no se completaron estos acuerdos, se sentaron las bases para que la economía chilena se abra al mundo.

Conclusiones

Las políticas socio-económicas realizadas durante el gobierno de Frei significaron avances numéricos o cuantitativos tanto a nivel económico y social. Pero que finalmente no fueron percibidos totalmente por la ciudadanía, los datos entregados por la encuesta CEP detienen notablemente una auspiciosa evaluación del gobierno en términos reales.
Al analizar cualitativamente el gobierno de Frei, aparecen algunas dudas. Primero, el crecimiento económico con un promedio del 6% al 7% no implico mejoras en la distribución del ingreso, es decir, no corrigió una situación que deviene del gobierno militar y que es sustancial para romper la barrera de la equidad. No sólo significa que los ingresos por quintiles se conservaron, sino también que los quintiles con mayor ingreso se vieron doblemente favorecidos. Al no existir una política estatal de mayores impuestos estos quintiles adquirieron mayores beneficios y segundo, no se recibió para las clases medias mayores empleos, lo que mantuvo el ingreso de estos quintiles estables, mientras los programas de empleo no disfrutaron de un aumento presupuestario, ya que en la lógica de gobierno, en tiempos de bonanza económica es necesario ahorrar para tiempos difíciles. Esto perjudico sosteniblemente a los grupos sociales de menor ingreso. Al no existir nuevos empleos y gasto público en esta materia, los niveles de pobreza sólo conquistaron un descenso de acuerdo a la educación, la salud y la adquisición de bienes y servicios. Aun cuando esta ampliación es fundamental para la calidad de vida, sólo son matices de una gran reforma que se debe dar a nivel nacional, no sólo urbano.
Finalmente, la política de apertura económica a mi entender significa la integración económica al mundo globalizado, pero el precio a que se paga, aún con la entrada en marcha de los TLC, puede implicar un amare al modelo Neoliberal (Fazio. 2004) que nos puede hipotecar el futuro de los chilenos.
[1] El Desarrollo Humano consiste en el proceso de ampliación de las capacidades de las personas. Esto implica reconocer que ellas son el fin de todo esfuerzo tendiente a mejorar las condiciones de vida de una sociedad. Las personas no pueden ser consideradas sólo como un medio para conseguir un objetivo externo, sea éste económico o político. PNUD, Índice de Desarrollo Humano 1999.

Bibliografía


DRAKE, Paul W. El movimiento obrero en Chile: De la Unidad Popular a la Concertación. Rev. cienc. polít. (Santiago), 2003, vol.23, no.2, p.148-158. ISSN 0718-090X.

FAZIO, HUGO. 2004. El amarre al modelo. LOM,

MELLER, PATRICIO. 1999. "Pobreza y distribución del ingreso en Chile (Década de los noventa)".

CEP. 1996 Quinto Estudio Nacional de Opinión Pública (Tercera Serie). NOVIEMBRE - DICIEMBRE 1996

BANCO CENTRAL, Octubre 2000. Los resultados macroeconómicos del gobierno de Eduardo Frei RT: Una evaluación comparativa

PNUD. 1999. Índice de Desarrollo Humano



martes, 20 de diciembre de 2005



Betweensiders:
"el caso de los piqueteros en Argentina"

Juan Carlos Aguirre.
Ciencia Política.


Es cierto que la democracia argentina ha sobrevivido más de dos décadas, lo que de hecho constituye el período más prolongado de continuidad institucional asociada a la vigencia del sufragio universal y las elecciones libres. No obstante, desde la crisis del modelo neoliberal de fines de los 90’, dicho continuismo se ha visto un tanto sobrepasado por nuevas formas de acción política colectiva que se enmarcan en contextos de crisis económicas, a pesar de las salidas institucionales que se han dado el la Argentina en esos períodos turbulentos, así lo expresa Cavarozzi, cuando señala que la… “intensificación de una diferente modalidad de inestabilidad que se ha vuelto endémica en la América Latina contemporánea, y que ha afectado a la Argentina en dos ocasiones recientes: el derrumbe de gobiernos en el marco de explosiones de protesta social, que ha menudo están asociadas a graves crisis económicas… la renuncia de Alfonsín en 1989… la renuncia de de la Rúa doce años después”… (Cavarozzi. 2004: 208). Así, lo que el autor intenta demostrar es la importancia de los movimientos sociales contemporáneos en Latinoamérica y el hecho de que hoy son incluso capaces de derrocar gobiernos fuertemente personalizados (e incluso populistas) como los líderes y gobiernos argentinos.
Contribuyó a la explosión social que vivieron los argentinos a fines de la década de los 90’ el proceso de renovación de la autoridad pública que se apoyó en un proceso continuo de despolitización de la sociedad, una sociedad acostumbrada a la expresión del apoyo o descontento a los gobiernos, pero que también había perdido su capacidad de organización durante el período autoritario de los militares argentinos. A principios de los noventa el eslogan de los políticos justicialistas era “síganme”, el cual se transformo a fines de la década en “déjenme hacer y no se entrometan”, así las cosas, el gobierno no rendía cuentas y la sociedad no se las pedía.

Es en este contexto de crisis del modelo económico, de exclusión y de despolitización de la sociedad en donde se enmarca el presente escrito, que dará cuenta del fenómeno de “los piqueteros” (poniendo énfasis en el desarrollo del movimiento principalmente en el Gran Buenos Aires), entendiendo que ante la grave crisis económica que atravesó Argentina desde fines de la década de los noventa se inauguró un período de constante descontento social ante el aumento progresivo del empleo, la caída de la calidad de vida y la sumisión de un poco más del 50% de la población bajo la línea de la pobreza.
En este análisis se seguirá una historia del movimiento, una caracterización del mismo en paralelo al proceso de interacción que realizan tanto en la arena política interna como en su relación con el contexto de la globalización. También, para efectos de orden y sistematización de la información y del propio ensayo, se tomarán dos tipologías: 1) la primera, dice relación con la tipologización que realiza Manuel Castells a partir de Touraine, “en donde se define un movimiento social mediante tres principios: la identidad del movimiento, el adversario del movimiento y la visión o modelo social del movimiento” (Castells. 1997:93) que el autor denomina objetivo social, además se incluirá otro factor de análisis que se utiliza para estudiar a los movimientos sociales, que es el llamado mantenimiento de la acción colectiva ya que … “ un episodio de confrontación sólo se convierte en un movimiento social merced al mantenimiento de la actividad colectiva frente a los antagonistas…” (Tarrow. 1997: 28); 2) en segundo lugar, se utilizará la tipología dicotómica entre outsiders e insiders, ya que permiten observar a los movimientos sociales bajo las “relaciones con su con sus posiciones programáticas y estratégicas” (Korzeniewicz y Smith. 2004: 105).
Anticipando un momento mi argumento, es importante recalcar que el movimiento de los piqueteros, en particular, obedece conjuntamente a lógicas de insiders y outsiders porque, si bien apelan a la autorregulación y la delegación en la mayoría de las situaciones, al recibir incentivos del Estado y fondos de éste en formas de subsidios, también adquieren y movilizan lógicas de acción bastante confrontacionistas, para obligar al Estado a cambiar sus políticas mediante corte de carreteras y tomas de rutas, las cuales, a su vez, son acciones muchas veces violentas que contradicen su racionalidad insiders, así mismo como sus redes de apoyo. Es decir, son a la vez (los piqueteros) propensos a la colaboración mediante canales institucionales y también son tendientes a la confrontación violenta. Es por esas razones antes expuestas que denomino a este movimiento social como betweensiders.
Hay que aclarar que los piqueteros son un movimiento social porque su acción política colectiva surge cuando aprovechan la oportunidad política marcada por el descrédito de la política y los políticos ante su manejo de la crisis económica de fines de los 90’, así es que se atrae a la gente a la acción colectiva por medio del enfrentamiento violento con la policía federal ante la toma de las carreteras en reclamo del alto nivel de desempleo que los aquejaba, a la vez que … “introdujeron innovaciones en torno a sus márgenes…” (Tarrow. 1997: 22). Por lo tanto, los piqueteros son un movimiento social porque obedecen a… “secuencias de acción política basadas en redes sociales internas y marcos de acción colectiva, que desarrollan la capacidad para mantener desafíos frente a oponentes poderosos…” (Tarrow. 1997: 23), hechos que revisaré a continuación.

La identidad de los piqueteros

Lo primero que hay que decir es que los piqueteros son un movimiento que nace y crece con el desempleo desde 1997 en adelante. El origen de las organizaciones de desocupados –los "piqueteros"- está vinculado al desempleo estructural de larga duración en el Gran Buenos Aires y diversas localidades del interior. Las condiciones socioeconómicas son la causa principal del fenómeno y el camino de su solución: el deterioro acelerado de la calidad de vida de estos sectores, acostumbrados a tiempos mejores, crea un clima de alta frustración y protesta. En realidad, el fenómeno de los piqueteros se explica no sólo por el desempleo sino también por el clientelismo, por los errores de la política social, y por su utilización política. Podemos decir que los piqueteros son, en cierta medida, un subproducto de las malas prácticas de la política que terminó desbordando a sus creadores.
Políticamente, podemos decir que existen dos tendencias dentro los piqueteros: una más afín al Frente Nacional contra la Pobreza (FreNaPo), del que participan Elisa Carrió, otros ex aliancistas y diversas personalidades, y que apoyan la FTV-CTA y en menor medida la CCC. Y la otra, la más contestataria, que confluye en el Bloque Piquetero y movimientos afines.
La relación de los piqueteros con los Planes Trabajar y otros subsidios, surge por lo menos con los sucesos de Cutral-Có (y luego en Tartagal) entre mayo y junio de 1997, tras la protesta y un corte de ruta que se prolongó por un mes, el gobierno les ofrece dichos planes para desmovilizarlos. Cabe anotar aquí un aspecto significativo: el inicio de los “piquetes” se vincula menos con las privatizaciones Cutral-có) que con su secuela posterior, ya que las protestas se iniciaron algunos años más tarde que aquellas.

A partir de ese mismo año (97’), varios grupos de piqueteros surgen en la zona sur del Gran Buenos Aires, repitiendo la misma práctica: cortes de rutas que se levantan tras la negociación de Planes Trabajar para ellos.
La gran expansión del fenómeno se produce en tiempos de la administración De la Rúa. Con el doble objetivo de afectar la estructura clientelista en la provincia de Buenos Aires y limitar el crecimiento de pequeños grupos de piqueteros en el conurbano, el Ministerio de Desarrollo Social a cargo de Graciela Fernández Meijide introduce una modificación en la distribución de los planes –en general, en manos de los municipios-, proponiendo que estos sólo sean asignados a ONGs que se responsabilizaran de su ejecución. Pero en lugar de contener la práctica piquetera, esto la institucionaliza y la potencia: las organizaciones de desocupados crean sus propias ONGs, ofician de coordinadoras de los pequeños grupos que surgen en los barrios más pobres del GBA, y se convierten en movimientos sociales organizados con mayor poder de presión, una administración económica propia, y con una práctica sistemática de "piquetes" y cortes de ruta para mantenerla.
Hasta aquí, el fenómeno de los piqueteros es la punta del iceberg del clientelismo y los despropósitos de la política social en Argentina. De haberse implementado un plan de seguridad social centralizado, beneficiando a jefes y jefas de hogar, aún con los mismos recursos previstos en el presupuesto nacional se hubiera beneficiado a casi la totalidad de las familias afectadas por la desocupación. Se optó, sin embargo, por mantener un sistema descentralizado y desordenado, funcional a este tipo de abusos.
Pero en los últimos años el fenómeno piquetero aumentó a un ritmo de progresión geométrica, y se convirtió en un iceberg en sí mismo. Pasaron de ser la expresión inorgánica de una protesta legítima, a un movimiento semiorganizado y con capacidad de acción política.
Hoy los piqueteros, que se organizan en principio en pequeñas agrupaciones zonales, confluyen luego en organizaciones coordinadoras. Las que a su vez están unidas en tres bloques:

1. Piqueteros de la CTA: Este es el conjunto de agrupaciones unidas en la Federación por la Tierra y la Vivienda (FTV) que lidera Luis D´Elia. También el Movimiento Barrios de Pie, orientado por Patria Libre, pertenece a la Central. D´Elia, diputado provincial del Frente para el Cambio, antes concejal por el Frepaso en La Matanza, formó parte de los primeros disidentes frepasistas durante el gobierno de la Alianza.
( colación de gobierno de de la Rúa)

2. La Corriente Clasista y Combativa (CCC): Brazo sindical y piquetero del Partido Comunista Revolucionario. Desde hace no menos de un año, la CCC trabaja junto a la FTV de D´Elia, y negocian en conjunto respecto de los subsidios.


3. El Bloque Piquetero: Tiene menos convocatoria y más ideología. Algunas de las agrupaciones que conforman este Bloque tienen su origen en los primeros fenómenos piqueteros, mientras que otras, de creación más reciente, están vinculadas a partidos de izquierda.

Por lo tanto, como se puede observar…“los movimientos de desocupados o piqueteros están conformados por varias decenas de grupos que responden a orientaciones políticas diferentes: algunas se vinculan con partidos políticos o centrales sindicales; otros privilegian su autonomía con respecto a los mismos; otros siguen a líderes populistas. De este modo, una misma denominación, piqueteros, recubre orientaciones muy distintas, más allá de su enorme impacto político y sobre todo mediático...” (Palominos. 2003: 53). Sin embargo, el elemento clave que actúa como enlace entre las diferentes agrupaciones es el desempleo, junto a un tipo de ritual sagrado como son las “asambleas” que reúnen a las personas en los barrios para tomar decisiones, como por ejemplo el acudir o no a un piquete en determinada ruta o carretera bonaerense. Por otra parte,… “es la acción misma de los piquetes la que explica su visibilidad: los cortes de ruta alcanzan un fuerte efecto político, multiplicado a través de los medios de comunicación. Se trata de acciones maximalistas, que contrastan con los fines en principio minimalistas que animan las movilizaciones: éstas se circunscriben en su mayoría a la obtención de subsidios por desempleo y bolsas de alimentos…” (Palominos. 2003: 54), lo que a la vez actúa como mecanismo unitario del movimiento, junto a una serie de símbolos que forman el paisaje de los piquetes el cual no es diferente al que muestra la televisión. Llantas que se queman en medio de la ruta, grandes ollas populares – se festejan por sabrosas y atraen a muchos como única opción para comer –. Mujeres con chicos a cuestas, hombres con palos y, en muchos casos, con la cara semitapada, las cubiertas encendidas y humeantes son el símbolo del piquete, esa marca distintiva de estos movimientos de desocupados que crecen en el Gran Buenos Aires y el interior del país.
Lo de los pañuelos en la cara tiene una explicación: dicen que lo hacen para protegerse, para que cuando tienen que volver a sus barrios la Policía no los identifique. Pero con el tiempo esa lógica cambió. Ahora ya son todos conocidos y el significado fue mutando.
“Hay un debate porque muchos piensan que intimidan sin sentido. Pero hoy son más simbólicos que otra cosa, como el pasamontañas del subcomandante Marcos”(Clarín.2002).
Así, todo… “se configura para dar sentido y marcos de acción a la identidad de los piqueteros que han logrado aprovechar la estructura de oportunidades políticas que se les han presentado mediante formas de acción políticas contenciosas y novedosas. En síntesis, a pesar del trabajo social que efectivamente llevan a cabo estos grupos, lo social se subsume en el proyecto político que no deja de aflorar en ningún momento…” (Palominos. 2004: 13)

El adversario del movimiento

Los piqueteros tienen dos tipos de adversarios. Los primeros son de origen externo y se reflejan en el nuevo orden mundial en donde los Estados pierden capacidad de decisión por la intromisión de nuevos jugadores más difusos y que juegan en su propio interés, el cual es casi siempre económico, es decir, las transnacionales y los procesos de privatización que traen consigo. Por lo tanto, también están en contra de la implementación de políticas económicas neoliberales, fundamentalmente porque quizás vivieron de forma más exacerbada que en otras zonas del mundo los efectos sociales perversos del “modelo”. Más bien son los agentes del nuevo orden mundial sus enemigos directos, entiéndase por ellos el FMI, la OMC, y el gobierno de George W. Bush, es decir, los piqueteros reaccionan contra la globalización y contra sus agentes políticos intentando cambiar sus códigos culturales mediante nuevas instituciones sociales. También, se puede inferir que están en contra del ALCA y las Cumbres de las Américas, en parte por su acercamiento a los Sin Tierra en Brasil y, también, por las últimas demostraciones de violencia en Mar del Plata este año, en donde se pudo ver y reconocer a algunos piqueteros envueltos en los incidentes.
Los segundos adversarios son de tipo interno y se dividen en dos: a) los punteros, la pelea central de los piqueteros es con los punteros peronistas, más que con el Gobierno nacional. Como los planes para quienes están desocupados se gestionan a través de los municipios, los punteros vinculados al intendente tienen más peso. De hecho, y sobre todo en los distritos del sur del conurbano, ellos tienen muchos más planes otorgados que los piqueteros. Y es aquí que se da una doble lógica de acción, por una parte los punteros son sus adversarios en términos de distribución de los beneficios otorgados por el Estado, lo cual le asigna legitimidad a uno u otro bando, pero, por otra parte, los piqueteros también los deben tener de aliados porque son los punteros quienes en definitiva adquieren de forma directa los subsidios; b) la policía, estos adquirieron su posición de non gratos en el movimiento desde El primer piquete en La Matanza en donde se decidió una asamblea de representantes de distintos barrios, gremios y comunidades eclesiales. Juan José Cantiello. Un cura que pidió licencia para sumarse al movimiento, recuerda la discusión que los llevó a la ruta, en 1998: “Nos planteábamos una medida que llamara la atención. Hay que hacer algo para que nos reciban sí o sí”. (Clarín. 2002). Sin embargo ese primer piquete no se hizo porque, cuando llegaron a la ruta, estaba repleta de policías y decidieron cambiar de planes para evitar el choque, finalmente tomaron la iglesia del Sagrado Corazón. Lo cual tuvo como consecuencia las constantes acusaciones que se dan en los piquetes en las rutas de la existencia de “infiltrados”, los cuales son sindicados como policías escondidos entre el tumulto, además de la opresión, hostigamiento y seguimiento de estos últimos en los barrios periféricos de la capital Argentina, en donde muchas veces son apresados los piqueteros por causas que no obedecen a ninguna ordenanza legal.
Sin embargo, también cuentan con el apoyo de la Iglesia católica, sobre todo de aquel sector eclesiástico vinculado a la teología de la liberación, en donde se destaca desde los inicios del movimiento el padre Juan José Cantiello, lo que a la vez es un rasgo característico de todo movimiento social importante en Latinoamérica.

El objetivo social

Según Salvador Martí Puíg “La democratización se entiende como un proceso histórico con fases de transición, consolidación, persistencia y, por consiguiente, analíticamente distintas, si bien empíricamente superpuestas. Y es durante estas etapas sucesivas que entra en escena una variedad de actores con diferentes partidarios, preferencias, cálculos, recursos y horizontes de temporalidad” (Martí Puíg. 2001: 22-23). Bajo este contexto es que nace el movimiento piquetero, por lo tanto sus objetivos sociales van a estar determinados por la caída de algunos actores tradicionales como los partidos y con la asunción de otros con más poder como los punteros peronistas en la actualidad, producto de un proceso democratizador que tiende a la descentralización territorial y a la concentración del poder en pequeños núcleos, lo que es algunas veces más perverso que la concentración en un poder central, por las redes clientelares que se forman. Así las cosas los objetivos de los piqueteros son muy diversos ante la cantidad inmensa de grupos, con tendencias diferentes, que lo configuran. Sin embargo, el objetivo central del movimiento es, evidentemente, bajar los niveles de desempleo que aquejan a los ciudadanos argentinos. Entonces, el desafío queda expresado en que hoy lo que se plantean los jefes piqueteros es: crear organizaciones políticas duraderas a partir de la enorme (en términos de la nada que tenían al inicio del movimiento) inyección de dinero que significan 20 millones de pesos mensuales, otorgados por el Estado, para los barrios más pobres del país. Sus diferentes ideas sobre lo que deben ser éstas organizaciones, que van de la extrema izquierda casi anárquica de la Anibal Verón a la búsqueda de una alianza de clases de la CTA, pasando por el trotskismo de estirpe sindical del Bloque Piquetero, son las que hacen irreconciliables por ahora a las distintas agrupaciones. Mucho más que los orígenes de sus bases, donde todos son igual de pobres, o que la acción social que llevan adelante en los barrios, también muy similar en cuanto al tipo de emprendimientos y su organización.
Organizaciones que se definen como progresistas terminan exigiendo planes para desocupados ideados con la lógica clientelar más tradicional y así quedan atrapados en ese estilo que tanto critican.
Aquí las respuestas coinciden en los distintos grupos: ellos no discriminan políticamente al que se les acerca en busca de un plan. Y señalan que a partir de la mano de obra que obtienen gracias a la atracción de esos planes, generan actividades comunitarias reales, algo que los punteros barriales no se caracterizan por impulsar. Consideran estos planes como la única opción para que la gente hoy tenga un plato de comida, pero aseguran que por eso no reniegan por eso a su lucha por trabajo digno, educación y salud pública. (Clarín. 2002)
Es necesario indicar que los piqueteros entraron en el reparto de la ayuda social que antes se dividía exclusivamente entre caudillos políticos y sindicales, lo que fue el alcance de uno de sus objetivos principales, participar en la distribución de los subsidios y así contribuir en el proceso de toma de decisiones. Fue gracias a la crisis de los partidos tradicionales y al crecimiento de los desocupados, que ellos se supieron organizar. Ahora, su objetivo es convertir a esos desocupados que se acercaron por hambre, en cuadros políticos que se sumen a su proyecto de poder, es decir, el autofinanciamiento de la comunidad, lejos de los punteros. “Centrados en la producción frutihortícola en la zona de quintas que proveen buena parte del consumo de alimentos frescos a la ciudad de Buenos Aires, estos trabajadores buscan desarrollar emprendimientos sustentables, donde la generación de excedentes asegura el mantenimiento y expansión económica de su producción, de modo de alcanzar la independencia de los subsidios oficiales. Esta generación de excedentes se destina a fortalecer las relaciones sociales y comunitarias y no se identifica con el lucro capitalista. En relación con este objetivo, la participación en piquetes es un medio de obtención de recursos para los emprendimientos autogestionados, y no un fin en sí mismo, lo que plantea además una definición de su identidad como desocupados previa a la identidad piquetera.” (Palominos. 2003: 71)
Aunque entre los distintos grupos piqueteros este debate es incipiente, se constata que todos ellos, incluso los vinculados con partidos políticos, se vuelcan progresivamente al desarrollo de emprendimientos productivos y exploran las posibilidades de desarrollo de una nueva economía implantada en redes sociales que trascienden a la economía capitalista.

Mantenimiento de la acción colectiva

Pese al cambio registrado en las condiciones del contexto… “subsisten condiciones “objetivas” para la reproducción de las organizaciones de desocupados en los mismos términos que le dieron origen: la posibilidad de ampliación del movimiento a través del reclamo y la movilización para acceder a subsidios, esto es, a medios de subsistencia. El significado de “reproducir las condiciones que originaron el movimiento” puede ser interpretado en términos de la estrategia de “grupo en fusión”, que busca recrear de modo permanente la identidad de origen.” (Palominos. 2004:44). Lo que se observa en la última toma de ruta, específicamente la vía que lleva al aeropuerto de Ezeiza, en donde se vieron envueltos piqueteros en un acto de colaboración con las personas despedidas por Aerolíneas Argentinas.
El éxito de los piqueteros esta basado, fundamentalmente en la capacidad de sus líderes de lograr cohesión ante la extensa netnees que involucra al movimiento, ya que han podido inventar, adaptar y combinar distintas formas de acción colectiva para estimular el apoyo de gente que, en caso contrario, podría quedarse fuera de la acción (Tarrow. 1997: 47), es decir, han logrado manejar los marcos cognitivos que guían la acción entre un ellos y un nosotros, pero no del todo, ¿ Porqué?. Principalmente, debido a que si bien… “la acción colectiva los inserta en complejas redes políticas, poniéndolos así al alcance el Estado…” (Tarrow. 1997: 53), en el caso de este movimiento, al parecer se han acercado demasiado a esas complejas redes políticas que ha tejido el propio Estado federal argentino, lo que a la vez los ha hecho perdurar en el tiempo como movimiento, ya que si bien surgieron por motivos circunstanciales, el desempleo estructural los ha mantenido unidos, pero también el gobierno federal los ha cooptado por medio de la entrega de los planes y subsidios antes mencionados, entendiendo inteligentemente, creo, que al entregar dinero a sus líderes para que los distribuyan, estos se sientan con la necesidad de responder también al Estado mediante actitudes de reciprocidad y dependencia, lo que en definitiva crea un aumento de gorrones en la organización y una difícil clasificación teórica del movimiento, es decir, los piqueteros ¿Son insiders u outsiders?, ¿Cuál es su real lógica de acción?.

Conclusiones

Desde el 2001, con la caída del gobierno de De la Rua, el espacio político-institucional de la Argentina ha cambiado, es decir, …“en Argentina vino a replantear la cuestión de los límites del espacio institucionalizado de la política, abriendo paso a lo político instituyente y a una redefinición de la política como “fidelidad a lo Nuevo” (Palominos. 2004: 37). El hilo conductor que atraviesa a los movimientos sociales es su carácter político, que enfoca sus luchas hacia un cambio en las relaciones de poder / sociales y con el Estado. Este objetivo, que bien puede entenderse como la construcción de
Poder, implica la configuración de un nuevo sujeto político conciente de su condición. Dentro de esta matriz común a los movimientos, se observan diferentes orientaciones específicas y núcleos de acción según los ritmos temporales que cada uno de ellos se impone para realizar sus aspiraciones de cambio, toma o construcción de Poder, lo que incide directamente sobre sus líneas de acción y estrategia. (Palominos. 2004: 38)
Por otro lado, la economía argentina presenta una recuperación prolongada en el último período del gobierno de Néstor Kirchner, hay un clima de bonanza económica y expectativas favorables para su futuro, lo que no se registraba en Argentina desde hace unos diez años aproximadamente. Sin embargo, pese al cambio en el contexto macroeconómico de la nación vecina, la herencia social dejada por la apertura externa, las reformas de mercado y las políticas neoliberales de los ’90, no pueden ser más devastadoras: más de la mitad de la población sumida por debajo de la línea de pobreza, y una elevada tasa de desempleo. Esta combinación contrasta con la experiencia histórica de un país rico en el cual prevalecía, hasta mediados de los ’70, un ideal de progreso económico indefinido. Este contraste genera poderosos condicionamientos para las expectativas sociales centradas en la desigualdad de la distribución del ingreso, en un contexto en que pese a las expectativas económicas favorables, la mayoría de los diagnósticos coinciden en las dificultades objetivas para mejorar en el corto plazo la distribución del ingreso, mitigar la pobreza y reducir drásticamente el desempleo.
Este nuevo contexto económico y político condiciona los proyectos de los movimientos sociales, favorece algunos y bloquea otros, configurando un horizonte complejo de posibilidades. Este horizonte surge claramente a través de los debates y conflictos presentes en Argentina hoy, que colocan en primer plano la desigualdad social y la renovación del sistema político.
“La meta original y común de las organizaciones de desocupados y de los trabajadores de empresas recuperadas fue la de acceder a medios de subsistencia para sus miembros. Esta meta no es sólo económica sino también política, en el sentido que más allá de la demanda de medios de subsistencia la lucha de estos actores fue emprendida en pos de su reconocimiento social y político y en nombre del derecho al trabajo, que tiene rango constitucional. Estas luchas se inscriben en continuidad con las de los movimientos que promueven la ampliación de la democracia y del espacio de los derechos, pero además de este componente que podríamos denominar “institucionalista”, también se trata de una meta política en un sentido más radical. Estas acciones también apuntan a la modificación de las reglas básicas de funcionamiento de la sociedad argentina como sociedad capitalista: de la regla que define la inserción social a través del trabajo para acceder a los medios de subsistencia, y de la regla que establece el control por parte de una minoría social del acceso a los medios de producción.” (Palominos. 2004: 41-42).

Así, al ser las metas de los piqueteros evidentemente políticas, se configura una lógica de acción que no es del todo clara y que se entremezcla constantemente con contradicciones de base en donde se discute la propia identidad del movimiento piquetero. Me refiero específicamente a que hoy el movimiento no es observable ni clasificable como insiders u outsiders, sino que se encuentra en una situación media de acción en donde se ven obligados a interactuar con el gobierno central y con los punteros en términos de delegación, pero a la vez necesitan seguir actuando de forma confrontacional porque la identidad primaria del movimiento así lo requiere, además de ser un excelente método de acción para aumentar el piso de sus demandas.
Pero surge una pregunta central, si los piqueteros utilizan mecanismos de insiders y outsiders ¿A quienes representan? Es obvio que el apoyo popular que obtienen esta en el grupo de los desempleados, pero también representan al gobierno al administrar los subsidios que de él emanan, entonces ¿Cómo es posible clasificarlos? Intentaré dar algunos argumentos para responder a las anteriores interrogantes a continuación.
Primero, los piqueteros se han beneficiado más que cualquier otro grupo colectivo del colapso del poder del Estado, lo cual es central. Segundo, sus acciones han incrementado la oferta de bienes públicos causados por la acción colectiva contenciosa. Tercero, se han limitado a la distribución de “incentivos selectivos”… “limitados a su vez a incentivos económicos o materiales y a sanciones sociales y recompensas sociales”. (Taylor. 1991: 107). Y por último, en cuarto lugar, algunos análisis muestran la acción colectiva como expresión directa de los intereses comunes, en este caso el interés por el trabajo que representan los piqueteros, de un grupo estructurado… “una clase social, comunidad, grupo étnico, sindicato, partido o algo así, pero no se pregunta por la conexión que existe entre el grupo que actúa y la población base a la que dice representar. Este cortocircuito teórico evita el problema de la movilización individual sin resolverlo.” (Tilly. 1991: 163). Así, los piqueteros al beneficiarse de la perdida del poder del Estado argentino, se han visto envueltos en una doble situación, por un lado representan a los desocupados por medio de las exigencias materiales que se demuestran en cada piquete que forman en una ruta bonaerense, sin embargo, también representan el interés del gobierno argentino al aceptar los subsidios y planes estatales y así calmar y frenar las revueltas populares que hace algún tiempo eran “pan de cada día” en la capital trasandina. Por lo tanto, este análisis, al dar cuenta de la doble situación de representación en la que se ven envueltos los piqueteros, se hace cargo del llamado cortocircuito teórico al que hace referencia Charles Tilly (expuesto más arriba), en tanto que llamo a esa doble situación de representación, y también de accionar, “betweensiders”, ya que, la acción política colectiva en situación de doble participación, tanto en la esfera política-institucional como en la esfera privada-societal, le da un rasgo nuevo y característico a este movimiento, fisonomía que no se observa en ningún otro movimiento social y que evidentemente supone la influencia directa del contexto argentino y de su. Por llamarlo de alguna manera, “idiosincrasia propia”.
Sería simple denominar a los piqueteros como un movimiento que ha tomado el especio que antes le pertenecía a los partidos políticos en el sistema político argentino, en el sentido de que participan como catalizadores de demandas y ofertas provenientes de la sociedad y de las autoridades, respectivamente, pero sería un análisis muy simplista desde mi punto de vista, ya que no tomaría en consideración la capacidad de confrontación que los caracteriza y, por ende, tal clasificación no podría explicar ese rol extrasistémico, si se quiere, de los piqueteros en Argentina.
Por lo tanto, los movimientos sociales que yo denomino “betweensiders”, en el curso de una sola interacción no son viables, necesitan, además de las condiciones de contexto propias, una interacción frecuente con otro, en donde la situación social tenga la posibilidad de cambiar. Por que … “durante encuentros repetidos, incluso las partes enteramente egoístas suelen salir ganado con estrategias que combinan la cooperación inicial con una nítida discriminación entre respuestas que dependen de si las otras partes cooperan o siguen atendiendo a su interés individual”… así… “la estrategia del toma y daca (comienzo cooperando en el primer encuentro y luego imito fielmente tu respuesta) suele ganar a toda estrategia más egoísta.” (Tilly. 1991: 175)
Bibliografía

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Cavarozzi, Marcelo. 2004. Cómo una democracia de libro de texto desembocó en un régimen de partido único… es el peronismo, estúpido. Revista Política, N° 42, Otoño, 207-220. Santiago de Chile.


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Korzeniewicz, R y Smith, B. 2004. Redes regionales y movimientos sociales transnacionales en patrones emergentes de colaboración y conflicto en las Américas. Serie Brief, Cumbre de la Américas, N°2 Flacso/PIEI, Marzo.

Martí Puíg, Salvador. 2001. ¿Promesas incumplidas?: un balance crítico de las teorías del cambio político y su aplicabilidad en América Latina. Revista Instituciones y Desarrollo Nº 10: págs. 201-235. Instituto Internacional de Gobernabilidad de Cataluña, Córsega 255, 5º 1ª 08036 Barcelona, España.

Palomino, Héctor (en colaboración con Ernesto Pastrana). 2003. Argentina ¿después? del diluvio: los nuevos movimientos sociales, en F. Calderón (edit.): ¿Es sostenible la globalización en América Latina?: Debates con Manuel Castells, México, Fondo de Cultura Económica.


Palominos, Héctor, Rajher, Gustavo, Pogliaghi, Leticia e Lascano, Inés. 2004. La política y lo político en los movimientos sociales en Argentina. En web site: http://www.pucp.edu.pe/

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Tilly, Charles. 1991. Modelos y Realidades de la acción colectiva popular. En: Aguiar, Fernando, Et.al. Intereses individuales y acción colectiva. Editorial Pablo Iglesias. Madrid, España.

domingo, 18 de diciembre de 2005

DEMOCRACIA, POSMODERNISMO Y GLOBALIZACION:
“Desafíos sociales y políticos”



Para conocer nuestra realidad es necesario abordar el contexto global. Chile al igual que el resto de los países componentes de la sociedad de naciones transita por un camino o vía on way, que representa la globalización. Características que tienen la globalización de hoy. La primera, la globalización ha sido acompañada de una expansión del modelo económico capitalista. ¿Cómo afecta a la democracia? Ese es uno de los temas a debatir. Y segundo, el paso de una sociedad moderna a una posmoderna, ¿es posible entendernos como individuos colectivos?

El presente ensayo, más que explicar fenómenos contemporáneos en base a la globalización y el pos-modernismo, sólo intenta sobrevolar un debate pendiente entre Ciudadanía y democracia, a partir de estos fenómenos.

El continúo deseo de completar y acentuar la agenda establecida en el Consenso de Washington por parte de Chile ha significado al menos dos elementos: abrir el país al mundo lo que se denomina regionalismo abierto y el llamado laisse faire. Colocando en contraposición lo público versus lo privado durante el último decenio, destacando y gobernando la aparición del mercado como regulador y forma de organizar la vida, con nuevas formas de entender y formar la sociedad, creando normas, valores, costumbres y por sobretodo usos y medios para desenvolverse en sociedad. Esta nueva sociedad ha crecido no solamente económicamente, sino también socio-culturalmente. Lo privado ha supeditado a lo público, la cultura del progreso colectivo trascendió durante la época de pos-guerra y ahora se opacó por una nueva visión trasversal a lo colectivo; el individualismo.

Propiciar las políticas del Consenso de Washington, nos totaliza a defender el proceso de agregación global, integrar y modelar la economía nacional a la internacional, instalando la pregunta: ¿nuestra economía responde a nuestras demandas o a las demandas del extranjero? La respuesta no parece clara y los tecnicismos económicos tampoco parecen responder. Una aproximación económica diría que el mercado se auto regula, por tanto responde a ambas demandas. Sin embargo, el capitalismo globalizado es tan dinámico que la posibilidad de corroborar esta afirmación es casi nula. Por ello, es necesario abordar las interrogantes socio-políticas desde los procesos de ciudadanía­–democracia–mercado–globalización.

La globalización ha entregado herramientas que hacen complejas nuestras interacciones en sociedad, partiendo desde una alta integración cultural y la capacidad de los medios de comunicación de masas para manejar y monopolizar la información no sólo sobre fenómenos locales sino también globales. En este sentido, la globalización ha hecho de la noción de ciudadano un concepto relativo. El ciudadano ha circulado a una mediación directa entre mercado y democracia, institucionalizando nuevos patrones de comportamiento en la sociedad civil. Es decir, el proceso que comenzamos a describir como globalización implica la pertenencia a una nueva estructura de comportamiento denominada posmoderna, ésta sitúa al ciudadano menos en la lógica del Estado y más en el mercado, basado en la producción cultural a escala y la permeabilidad del ciudadano hacia los medios de comunicación de masa que representan el llamado al consumo disgregado y segmentado de bienes, en cualquiera de sus formas.

Estos fenómenos, propios de la globalización y el pos-modernismo, nos conducen a la idea de fragmentación social, una idea de derechos por sobre valores que no logran conjugar la igualdad y la diferencia. Comenzamos a vivir nuevos patrones de relaciones sociales y políticas que inducen a pensarnos como individuos de derechos con valores culturales dicotómicos, que en primer lugar nos contrae a subjetividades sociales de los bienes para el bien y de objetividades culturales para lo colectivo. Las formas de encarar los bienes sociales por parte de individuos, distanciados culturalmente, se define no solo por la lógica del Estado como visión tutelante, sino por razones de convivencia y consenso entre las partes en disputa. Son estas nuevas formas de interactuar entre formas culturales distintas las que hacen más propia la democracia para los individuos.

En segundo lugar, el ciudadano anticipa la solución de conflictos sociales no desde problemáticas estructurales de la sociedad, sino, a la solución pragmática de controversias, asimilando la democracia no sólo como un sistema creador de normas, valores, costumbres, etc. sino también, como medio para el desenvolvimiento de cada individuo. La democracia no solo es normativa he institucionalizada formalmente, también se convierte en usos y medios de cada individuos en forma informal.

Estas nuevas formas de socialización política nos conducen a examinar la relación entre Estado–organizaciones políticas y sociedad civil, en su calidad de interacción entre ciudadano y democracia, ¿Cuan profunda es la democracia? ¿Cuan cercana es la democracia para los ciudadanos? Un examen directo a la situación de América Latina y especialmente Chile sería: situación de alta apatía política o desafección política que responde a una baja competencia política, donde el razonamiento es: “gane quien gane la situación no cambia”. Este razonamiento genera un clima socio-político de intemperancia social, motivado por la baja legitimación de ciertas políticas o por el bajo apoyo a un determinado gobierno. Asimismo, estos fenómenos se radicalizan entorno a la marginación de sectores sociales de lo político.

¿Es una secuela del mercado? ¿Cómo la democracia es afectada por el mercado? Las bajas competencias políticas son resultado de monopolios políticos que ordenan la agenda política. Estos son encaminados por intereses creados que en cualquier momento ejercen poder ya sea para modificar o mantener el status quo. Si estamos ante una nueva forma de relación socio-política ¿porqué se dan estos fenómenos, alta exclusión social y baja participación política? ¿Es el mercado dentro de la democracia únicamente un factor de concentración?

La democracia debe ser entendida como un sistema de valores y derechos que envuelven la competencia. Sí concebimos la democracia como un sistema de competencias schumperiano, los agentes o actores con mayores recursos e información generan relaciones asimétricas en las sociedades, es este el factor que ha hecho de nuestras sociedades y democracias un sistema desequilibrado. Si bien la globalización crea un escenario favorable hacia la democracia este puede ser en gran medida perverso sobre quienes tienen menor capacidad de integrarse o simplemente se ven amenazados por ella. Conectar democracia y globalización no es integrar el ciudadano a la democracia es transitar por un camino de curvas y precipicios que fuerzan a ciudadanos no asimilados con la democracia a convivir en un ambiente ajeno a sus intereses.

Es necesario absorber los beneficios que contrae la globalización pero también crear identidades colectivas con lo local. Hacer una relación ciudadano­–democracia, significa acercar la democracia al ciudadano hacer de la democracia usos y medios para los ciudadanos pero para competir con igualdad y diferencia. Igualdad de derechos y no discriminación y diferencias entre intereses y concepciones socio-políticas. El crear oportunidades de integración a nivel estatal como es el libre mercado entre economías debe ser emulado a nivel nacional rompiendo las barreras entre ricos y pobres, disminuir los costos de participación política, aumentar la interacción de lo local con lo social y también la transparencia en la política, en la económica y en lo social.