viernes, 23 de junio de 2006

Relaciones Internacionales



La vigencia del miedo hobbesiano en el “Tercer debate” de la política Internacional.

Juan Carlos Aguirre.
Ciencia Política.


“ Las fronteras de la anarquía/miedo hobbesiano pueden volver a trazarse (a través de un cambio de alianzas y de pertenencia a bloques, pero nunca podrán eliminarse en ausencia de un Leviatán. Allí donde las fronteras del miedo hobbesiano hayan sido eliminadas entre dos países, la cooperación política y económica entre ellos se alcanzará con mayor facilidad”. ( Sanders, D. 1996: 635)

Bajo que condiciones opera el principio de reciprocidad. Esta es una cuestión fundacional en cualquier análisis de política exterior que se pretenda a bordar, sobre todo cuando se acepta el supuesto a mayor integración, mayor interacción y, por lo tanto, mayores probabilidades de conflicto.
En el caso chileno, se vislumbra, en un primer acercamiento (de forma algo superficial ), que para Chile, las “alianzas estratégicas” fuera de la región parecen ser los objetivos a perseguir por parte de las autoridades como de los decisores, lo que pude ser demostrado observando los acuerdos con grandes potencias mundiales en el ámbito económico, denostando el proceso de integración regional el cual, a su vez, ha sido un elemento fundamental para la estabilidad de las relaciones fronterizas. Así, se infiere, rápidamente, que al parecer la integración política entre Estados-nación entre los países sudamericanos es escasa, ya que, descansa, exclusivamente, en la existencia de intereses comunes entre éstos. Es decir, los alcances de la política exterior de Chile, al parecer, se sustenta en un interés nacional ( a diferencia de los intereses comunes, exclusivamente fronterizos ) neutral (alianzas), que se materializan por medio de un modus operandi bilateral o de privatización de los conflictos. Por lo tanto, la pregunta central que guiará esta investigación, dice relación con el ¿ Por qué Chile a privilegiado una política exterior de alianzas estratégicas por sobre una de integración regional?. Una respuesta previa tendría que ir dirigida hacia la indagación en una teoría de los intereses, en donde puede fundamentarse bajo la noción del interés nacional ( visión clásica del realismo ), si entendemos los principios de la maximización de beneficios. Entonces, también entendemos la forma en que los Estados-nación tratan de especificar, proteger y promover sus intereses. Podemos asumir sin problemas que es “del interés de un Estado” el maximizar sus intereses. Pero eso no equivales a decir que el principio de maximización de beneficios revela todo lo que necesitamos saber sobre la protección y promoción de los intereses. Los intereses han de considerarse en su contexto histórico. Antes de que podamos especular de forma inteligente bien sobre las consecuencias de que los Estados tengan intereses en conflicto o solapados, necesitamos saber que es lo que los líderes consideran intereses de sus respectivos Estados. Esto sólo puede hacerse a través de un trabajo empírico laborioso, extenso y difícil. ( Sanders. 1996: 625)
Aquí, se asume el supuesto teórico del llamado realismo concesional que señala que “el sistema internacional esta caracterizado por la anarquía y la autoayuda. En ausencia de una autoridad efectivamente cohesionante y única, el Estado-nación a de recurrir fundamentalmente, aunque no exclusivamente, a sus propios esfuerzos para proteger los intereses económicos y de seguridad de sus ciudadanos”.
En el actual contexto mundial, pude suceder perfectamente que los Estados se preocupen menos por los beneficios relativos cuando tratan con aliados o naciones amigas. Sin embargo, el argumento fundamental es que cuando Estados “reales” tratan con aliados a largo plazo, el carácter general de su interacción es fundamentalmente diferente del tipo de interacción que tiene lugar cuando tratan con Estados con respecto a los cuales conservan una suerte de miedo hobbesiano. Así, de modo invariable, se asume que los Estados ven a sus pares como amigos o enemigos, ya sean reales o potenciales. (Sanders. 1996: 633)
La integración regional o las alianzas estratégicas. Esa es una disyuntiva difícil de aclarar y que va en directa relación con los Estudios Internacionales y la política exterior de los países. Por lo tanto, primero hay que señalar que la Teoría de las Relaciones Internacionales comienza a adquirir un corpus teórico recién en el siglo XX. Lo anterior se desarrolla al alero de la ciencia política, más bien, la ciencia política en su doble desempeño de estudiar, de una parte los fenómenos del poder y, de otra, la organización institucional de los Estados ha monopolizado el estudio de los asuntos internacionales en un amplio sentido (Ortiz. 2000: 18), es decir, se entiende a las relaciones internacionales como una sub-disciplina de la politología, básicamente por los conceptos de poder y dominación que parecen como constantes durante el análisis empírico del sistema internacional.
Sin embargo, paralelamente se ha desarrollado toda visión del cuerpo teórico de la sub-disciplina que da cuenta de los denominados “debates” de las relaciones internacionales. Así, hay autores como Eduardo Ortiz que señalan que el desarrollo de los estudios internacionales se ha dado a partir de tres “paradigmas” que son el idealista, el realista y el estructural-funcionalista. (Ortiz. 2000: 75)
Dejando de lado esta discusión, se debe señalar que el debate más reciente en las relaciones internacionales dice relación con la teoría de los regímenes internacionales, la cual se expresa en que el concepto de régimen internacional (categoría central en la Economía Política Internacional, aunque empleada en general en las Relaciones Internacionales) es casi exclusivamente un producto del diálogo neorrealismo-neoliberalismo (Salomón. 2002: 19) y la teoría de la integración regional (de la cual se da cuenta más adelante). Es así que, bajo este cuadro discursivo-fenomenológico, recién durante la década de los 90’ comienza a desarrollarse en la teoría de las relaciones internacionales estas disputas de carácter conceptual, bajo el alero de, fundamentalmente, politólogos y de los enfoques dicotómicos entre neorrealistas v/s neoliberales (Salomón. 2002: 2). El hecho de que recién en la década pasada comienza esta porfía, da cuenta de lo incipiente de la cuestión, lo que también se explica por el desarrollo del enfoque neorrealista-neoliberalista ( su convergencia), fundamentalmente de Keohane y Nye , quienes proponen (desde el neoliberalismo) que es el Estado el que aún continúa siendo un actor importante, más no es el único determinante, adquiriendo relevancia el sistema internacional, donde se considera que es posible utilizar la guerra para lograr la paz pero con límites, en este periodo surge la teoría de la sospecha, es decir, la guerra preventiva, por tanto se hace necesario realizar acuerdos regionales y supranacionales, lo que implica el surgimiento de interdependencias complejas entre los Estados, generalmente. Lo precedente, lo configuran a partir de su real convicción de dar cuenta de un enfoque válido para conceptualizar ciertos aspectos de la realidad internacional- con el enfoque de la interdependencia, dedicado al análisis de las relaciones transnacionales. (Keohane y Nye, 1988: 23-24) por lo tanto, “la internacionalización de la economía mundial ha llevado a las grandes democracias industrializadas a una interdependencia compleja, caracterizada por la existencia de múltiples problemas en la política mundial, numerosos actores (no solo los Estados), y la ineficacia del uso de la fuerza para la resolución de muchas cuestiones”.
( Keohoane. 1996: 674). Sin embargo, es necesario aclara que este modelo de análisis de la política internacional es un tipo ideal, pero sin duda, contrastable en la realidad, de forma general.
La interdependencia compleja, señala Keohane, expresa anomalía en tres dimensiones: 1) el Estado, que siendo aún el actor más importante en la política mundial, ha dejado de tener el papel predominante que tenía en el pasado; 2) las democracias liberales tienen un comportamiento en política exterior que es diferente al de los regímenes no democráticos. Dependiendo de la definición que cada uno adopte, o bien las democracias liberales no se enfrentan entre sí en absoluto, o bien lo hacen mucho menos de lo que cabría esperar; 3) la tercera anomalía, se refiere al papel fundamental de las instituciones internacionales en la política mundial contemporánea, en donde estas se definen como “conjuntos de reglas (formales e informales) duraderas y conectadas, que prescriben comportamientos, limitan la actividad y dan formas a las expectativas”. ( Keohane. 1996: 675-676). Así, el hecho de que los Estados apoyen y proliferen este tipo de estructura internacional obliga pensar que tales instituciones, realizan eventualmente, algún servicio a sus intereses, o por lo menos, los protegen en cierta medida, ante la inexistencia de un gobierno común, en forma, si se quiere, de Leviatán.
Siguiendo el mismo enfoque antes señalado ( que es multidimensional), la teoría de la integración regional, señala, en primer lugar que se avoca a la creación y mantenimiento de intereses y variados patrones de interacción entre unidades previamente autónomas
( Ibáñez. 1999: 2) además, ésta teoría aporta al cuerpo teórico de la teoría de las Relaciones Internacionales, distinguiendo y aclarando conceptos que desde el debate contextual se prestan a variados usos y confusas interpretaciones. Así, se diferencia entre:

1) regionalismo, en donde la integración regional se entiende como proyecto fundamentalmente político.
2) Regionalización, en donde la integración regional se vislumbra como proceso
3) Regionalismo abierto, se sustenta en la estrategia de desarrollo planteada por la CEPAL para América latina y el caribe, plan fundamentalmente de complementariedad económica. ( Ibáñez. 1999: 4)

En este documento se pondrá énfasis en la teoría de la integración regional como “regionalismo o proyecto” en detrimento del proceso (regionalización), básicamente, porque este fenómeno comporta la intensificación de las relaciones entre actores estatales y no estatales que forman parte de una misma región, pero a diferencia del regionalismo, el carácter político o el referente institucional de estos procesos no siempre están presentes ni es necesario que lo estén por ser, generalmente, un proceso de complementariedad económica.( Ibáñez. 1999: 4)
Por otro lado, un estudioso de la teoría de la Relaciones Internacionales a nivel latinoamericano, el profesor Carlos Murillo, se refiere a los regímenes de integración regional (en un intento de fusionar y conceptualizar las teorías de regímenes internacionales y teoría de integración regional) como un progreso en los estudios internacionales, aunque reconoce que aún hay un vacío respecto a este fenómeno y a aspectos puntuales como el de la “dimensión política de la integración regional” ( Murillo.2004: 14). Esto obliga a observar el problema a partir de elementos definidos previamente, tales como: la interacción entre estructuras internas y externas frente a los procesos regionales; las fuerzas y factores condicionantes de la integración; los objetivos políticos, económicos y sociales de los actores; la dinámica de las negociaciones en el marco del proceso regional; y las estrategias y acciones de los miembros de un esquema regional para atender el proceso de integración. Sin embargo, muy a menudo se tiende a confundir regionalismo e integración regional, sobre todo al no reconocer que se trata de procesos de un fenómeno específico: regionalización ( Murrillo. 2004: 14), posición similar a la expresada por Ibáñez en torno a la diferenciación conceptual. Pero aún más, el análisis se limita al ámbito económico, dejando en segundo lugar o incluso abandonando los ámbitos político y de seguridad. Por eso se habla de regionalismo económico, pero la integración política es distinta de esos esquemas. Se entiende como el proceso que tiene lugar cuando “un grupo de naciones llega a formular e implementar regularmente decisiones públicas vinculantes por medio de instituciones y/o procesos colectivos más que medios nacionales formalmente autónomos”. Por consiguiente, la integración puede ser definida como “la evolución, a través del tiempo, de un sistema de toma decisiones colectivo entre naciones”. Por lo tanto es posible hablar de profundidad o extensión de la integración que responde a la relación entre orientación y adaptación lo cual corresponde al grado en que los agentes se orientan hacia la estructura integrada y se adaptan a las directrices que generan las instancias regionales ( Murillo. 2004: 18). Por otra parte, el «dilema de la integración» adquiere relevancia, pues se debe tener en cuenta que la integración ofrece beneficios importantes, pero también serios desafíos al Estado. Además, cada estado enfrenta restricciones distintas para determinar su política integracionista, que responden a la posición internacional, a la estructura doméstica y a otros aspectos. Esto genera un dilema constituido por los pro y los contra de la integración regional, frente al cual aparece el “dilema de la alianza”, pues el impacto de la integración es mucho más amplio que el de la construcción de alianzas. ( Murillo. 2004: 21)
Ahora, por lo tanto, el fenómeno de la construcción de las alianzas estratégicas, por las cuales entenderé “ un intento por conformar uniones entre distintas entidades autónomas (generalmente Estados) con el fin de planear o dirigir un conjunto de actividades tendientes a determinar tanto la política exterior como la seguridad” ante la falta de un cuerpo teórico específico en la materia, se debe abordar desde la experiencia de los acuerdos internacionales firmados por un país determinado en virtud del planeamiento de sus respectivas políticas exteriores.
Por último, cabe señalar, que para el caso latinoamericano, al parecer, el proyecto de integración regional que ha sido el elemento estratégico central para la estabilidad de las relaciones fronterizas, sin embargo, tal situación ha devenido en un desapego a tal proyecto en el tiempo. Así, en los últimos años, el objetivo primordial de la política exterior vecinal ha sido consolidar relaciones estable y claras, antes que persistir en equilibrios precarios bajo la constante amenaza de tensiones en la frontera ( Fuentes. 1997: 12). Por lo tanto, se advierte que la relación “a mayor interdependencia, menor posibilidad de conflicto” no es tomada en consideración al diseñar la política exterior. Así, se infiere que la integración política entre Estados es escasa en América Latina, ya que tiende a descansar, exclusivamente, en la eventual existencia de “interese comunes” entre éstos. Es decir, la posición chilena va en dirección, como lo señala el supuesto, en privilegiar el interés nacional, definido como términos de poder, concepto que proporciona el vínculo entre la razón que intenta comprender la política internacional y los hechos que deben ser comprendidos (Morgenthau. 1990: p. 45) neutral (alianzas) que se materializa por medio de un modus operandi bilateral o de privatización de los conflictos. Al parecer, el miedo hobbesiano muestra su “mejor cara” en las relaciones vecinales de los países de la región.

Bibliografía

• Fuentes, Claudio. Interdependencia y seguridad en el Cono Sur. FASOC, Año 12, N1 1, enero-marzo 1997.
• Goodin, Robert y Klingemann, Hans-Dieter( editores). Nuevo manual de ciencia política . Ediciones. ISTMO. Madrid, España. 2001.
• Ibañez, Josep. El nuevo regionalismo latinoamericano en los años noventa. Revista electrónica de estudios internacionales. 2001. www.reei.org
• Keohane, R y Nye, J. Poder e interdependencia: “La política mundial en transición. GEL editores. 1988.
• Morgenthau, Hans. J. “Escritos sobre política internacional”. Tecnos. Madrid, España. 1990.
• Murillo, Carlos. Aproximación a los regímenes de integración regional. Revista electrónica de estudios internacionales. 2004. www.reei.org
• Ortiz, Eduardo. “El estudio de las relaciones internacionales”. Fondo de cultura económica. Santiago, Chile. 2000 .
• Salomón, Mónica. La Teoria de las Relaciones Internacionales en los albores del siglo XXI: “Diálogo, disidencias y aproximaciones”. Revista electrónica de estudios internacionales. 2002. www.reei.org

martes, 30 de mayo de 2006

Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle

Política económica y social
Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle


Las sociedades que progresan son aquellas que han logrado compatibilizar la igualdad de la democracia con la equidad en la economía, superando la desigualdad que genera la operación del mercado. Son aquellas las que han hecho posible que los valores de solidaridad e integración social se expresen en el comportamiento de la economía”.
Discurso de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.


El gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle que se desarrollo durante los años 1994 y 2000, significo que el país consiguiera un segundo gobierno de la concertación de partidos por la democracia. Ganador de la primera magistratura, arraigo la bandera de poder de la Democracia Cristiana (DC).
Tanto el gobierno como la DC, destacaron una política que permitiera superar los obstáculos que le impiden alcanzar un desarrollo. Por esta razón, fijó tareas prioritarias para su mandato.
En primer lugar, impulsó una profunda reforma al sistema educacional que aumentó la jornada escolar, elevó las remuneraciones de los profesores y los capacita, introdujo mejoras en la infraestructura, modificó los programas educativos y permitió el acceso de los estudiantes a las más modernas tecnologías. Con ello se pretendió asegurar una educación de alta calidad que garantizara la igualdad de oportunidades a todos los niños de Chile.
En materia económica, Chile consolidó una política que compatibilizó el crecimiento con la equidad. Es así como durante su mandato se logró un crecimiento promedio superior al 5 por ciento, inflación de un dígito y una significativa reducción en los niveles de pobreza.
Por último, fortaleció la apertura comercial del país reinsertándolo en la comunidad internacional. Hoy Chile es miembro activo del Foro de Cooperación Económica del Asia-Pacífico APEC, suscribió un Acuerdo de Libre Comercio con Canadá, firmó un Acuerdo de Cooperación Económica y Política con la Comunidad Europea y es miembro asociado del MERCOSUR.
Estas políticas, se enmarcan dentro de un contexto bastante auspicioso. De 1990 a 1996, la economía creció un promedio anual encima del 7 %. El gobierno redujo el desempleo y la inflación a un 6 %. Mejoró la educación, la salud y la expectativa de vida. Los gastos públicos sociales por habitante se expandieron en más de un 7 % por año, no obstante que la red de seguridad social siguió siendo insuficiente. En la primera mitad de la década, la población en pobreza cayó desde un 39 % hasta un 23 %, y la que se encontraba en indigencia bajo desde un 13 % hasta un 6 %. La productividad del trabajo se incrementó en un promedio anual de 4 %, el empleo 3 % y los salarios reales 5 %. (Drake.2003:149)
Sin embargo, ¿cuáles fueron los principales avances en materia económica y social del gobierno? ¿Fue un gobierno altamente cauto en materia social? o finalmente, ¿el gobierno de Frei sólo significo avances socioeconómicos limitados?
Para contestar estas preguntas primero es necesario abarcar cuales han de ser las políticas y sus resultados para entender los logros del gobierno de Frei.
Primero, se ha hablado mucho sobre el crecimiento económico que vivió el país durante los años 1994-1998, anterior a la crisis Asiática. Como antes se señalo, Chile se convirtió en uno de los países más promisorios del mundo con tasas de crecimiento superiores al 5%. Los ojos del mundo sobre Chile, un país procedente de un gobierno autoritario, que daba sus pasos a una inserción al mundo democrático, un propicio futuro “de los jaguares” de integrarse al selecto grupo de los países desarrollados. Que finalmente sólo alcanzo para ser uno más de los países en desarrollo.
Las características del gobierno de Frei involucraron la idea de un país con la capacidad de poder superar el subdesarrollo, de tener una sociedad equitativa y finalmente una sociedad democrática. Pero, ¿cuales fueron los avances sociales?
Si comenzamos un análisis del gobierno de Frei en materia social, primeramente, deberíamos hablar de la percepción ciudadana sobre el gobierno. En el estudio realizado por el Centro de Estudios Públicos (CEP) en 1996 cuatro datos son importantes:
a) Desde Mayo de 1995 a Diciembre de 1996 el gobierno tiene una aprobación de 48% y 36% respectivamente.
b) Cuando se consulta por la situación económica, un 49% indica ni buena ni mala, mientras un 16% indica buena y un 34% indica mala
c) Ante la pregunta: Calificación situación económica actual del país v/s calificación situación económica actual del entrevistado, existe una igualdad en ambas situaciones con un 49% que indica que la situación ni buena ni mala
d) Finalmente, cuando se consulta por los tres problemas a los que debería dedicar el mayor esfuerzo en solucionar el Gobierno, los primeros problemas son pobreza (42%) delincuencia (41%) salud (35%) y educación (31%)
Estos índices nos dan una pauta para poder hacer algunas conjeturas.
1) El gobierno de Frei no tuvo una alta aprobación de su gestión aún cuando la realidad económica indica que existía una economía en constante funcionamiento.
2) La percepción de bonanza económica en la sociedad no existía, esto se puede deber a que no coexistía una distribución equitativa de los rendimientos económicos a los factores productivos
3) El discurso del gobierno hacia una sociedad más equitativa y solidaria, estaba en contexto de acuerdo a la percepción ciudadana. Pero si existía un compromiso creado por el gobierno sobre esta materia, ¿Por qué aún preexistía la preocupación por la pobreza, delincuencia, salud y educación?

La política económica

Básicamente el gobierno de Frei dedico sus esfuerzos a potenciar el crecimiento económico, creando los sustentos para una economía de mercado, libre de regulaciones estatales. El país se situó con una tasa entre 1994 y 1999 similar a Corea, Malasia, y Polonia, superando claramente la de los países latinoamericanos, los que presentan tasas de crecimiento muy inferiores, del orden de 3% anual (Banco central. 2000:8)
El gobierno así como sustento la libre iniciativa económica, también sustento un equilibrado gasto fiscal, generando superávit cercanos a los obtenidos por economías Asiáticas. Asimismo, desarrollo una política de expansión de exportaciones colocando a Chile entre los países con mayor superávit comercial de la región 9.5%
Este simple análisis muestra que las fortalezas en materia macroeconómica de la administración Frei, particularmente en control de la inflación (6%), crecimiento económico, formación de capital, ahorro y, secundariamente, en equilibrio fiscal. En las áreas dónde la administración Frei no presenta ventajas son en la tasa de desempleo, la cuál no registró los progresos notables mostrados por otras variables macroeconómicas.
El desempleo promedio el 7% a pesar de la crisis económica del Asia Pacifico. No obstante, En los noventa, la participación femenina urbana en la fuerza de trabajo fue solamente del 37 %, más baja que en Argentina, Brasil o México. En 1998, las mujeres ganaron un promedio de 25 % menos que los hombres (Meller. 1999: 60-61)

Política social

La administración Frei, procuro dentro de su discurso aportar con mayor equidad y oportunidades para todos los chilenos. Ante el informe de Desarrollo Humano[1] que implica compatibilizar de manera sustentable ciertos objetivos sociales básicos, tales como la democracia, la integración social y el crecimiento económico, los datos arrojan el siguiente diagnostico:
El gasto en educación es la principal variación producida por el gobierno de Frei —aunque es necesario indicar que los datos son de serie de tiempo desde el gobierno de Aylwin— el aumento del gasto en educación se incremento en 143% durante 1990 y 1998. También el gasto de salud se incremento en 104% en el periodo 1990-1997.
En materia educacional, durante este periodo el tiempo de escolaridad promedio se incremento a un 9.3, siendo un nivel promedio 15. Asimismo, se aumento la tasa de inscripción educacional aumentando la cobertura preescolar de un 20.9% en 1990 a un 30.3% en 1998
Sin embargo, lo que siguió no solamente constante sino también aumento fue la distribución del ingreso per-capita. El coeficiente de GINI se mantuvo alto en 0.58. De esta manera, el aumento de los ingresos reales (51%) no significo avances sustantivos en esta materia.
Para 1996, el ingreso promedio del quintil superior de ingresos fue casi 14 veces mayor al ingreso promedio del quintil inferior de ingresos. Al mismo tiempo, muchos trabajadores sufrieron de puestos precarios, malas condiciones de trabajo, sindicatos impotentes, y servicios sociales inadecuados. Algunos trabajadores se encontraron con cambios difíciles en su lugar de trabajo, como la flexibilización, la fragmentación, la inseguridad del empleo, el trabajo temporal, las subcontrataciones, las horas largas, y la mecanización. Ahora el problema máximo no fue el empleo, sino la calidad de éste. Por eso, una encuesta en 1998 mostró que un 53 % de la población tenía la opinión que la economía había mejorado en la democracia, pero un 83 % tuvo la certeza que sus propias vidas no habían mejorado. (Drake. 2003: 152)
En términos de superación de la pobreza se mostró un descenso constante, mientras en 1990 a nivel nacional la población bajo la línea de la pobreza era el 36,6% en 1998 la población cayó a un 21.7%.

Política de Integración

El gobierno de Eduardo Frei R. fue el propulsor de la integración económica de Chile al mundo, mediante los acuerdos de cooperación económica en la región y los acuerdos de libre comercio (TLC). Los principales TLC, que comenzaron con el gobierno de Frei y que tuvieron su culminación con la firma en el Gobierno de Ricardo Lagos, fueron el TLC con EEUU. y con la Unión Europea (UE)
La lógica que sigue a este proceso es potenciar el crecimiento económico con mayor exportación de bienes y servicios, y asimismo incorporar bienes y servicios extranjeros a bajo costo. Los acuerdos son la base del programa de gobierno en política económica y de comercio exterior. Con los acuerdo se pretende llegar a metas de erradicación de la pobreza, crecimiento económico, distribución equitativa, mejorar la calidad de vida y vulnerar los ciclos económicos.
Si bien, durante la administración Frei no se completaron estos acuerdos, se sentaron las bases para que la economía chilena se abra al mundo.

Conclusiones

Las políticas socio-económicas realizadas durante el gobierno de Frei significaron avances numéricos o cuantitativos tanto a nivel económico y social. Pero que finalmente no fueron percibidos totalmente por la ciudadanía, los datos entregados por la encuesta CEP detienen notablemente una auspiciosa evaluación del gobierno en términos reales.
Al analizar cualitativamente el gobierno de Frei, aparecen algunas dudas. Primero, el crecimiento económico con un promedio del 6% al 7% no implico mejoras en la distribución del ingreso, es decir, no corrigió una situación que deviene del gobierno militar y que es sustancial para romper la barrera de la equidad. No sólo significa que los ingresos por quintiles se conservaron, sino también que los quintiles con mayor ingreso se vieron doblemente favorecidos. Al no existir una política estatal de mayores impuestos estos quintiles adquirieron mayores beneficios y segundo, no se recibió para las clases medias mayores empleos, lo que mantuvo el ingreso de estos quintiles estables, mientras los programas de empleo no disfrutaron de un aumento presupuestario, ya que en la lógica de gobierno, en tiempos de bonanza económica es necesario ahorrar para tiempos difíciles. Esto perjudico sosteniblemente a los grupos sociales de menor ingreso. Al no existir nuevos empleos y gasto público en esta materia, los niveles de pobreza sólo conquistaron un descenso de acuerdo a la educación, la salud y la adquisición de bienes y servicios. Aun cuando esta ampliación es fundamental para la calidad de vida, sólo son matices de una gran reforma que se debe dar a nivel nacional, no sólo urbano.
Finalmente, la política de apertura económica a mi entender significa la integración económica al mundo globalizado, pero el precio a que se paga, aún con la entrada en marcha de los TLC, puede implicar un amare al modelo Neoliberal (Fazio. 2004) que nos puede hipotecar el futuro de los chilenos.
[1] El Desarrollo Humano consiste en el proceso de ampliación de las capacidades de las personas. Esto implica reconocer que ellas son el fin de todo esfuerzo tendiente a mejorar las condiciones de vida de una sociedad. Las personas no pueden ser consideradas sólo como un medio para conseguir un objetivo externo, sea éste económico o político. PNUD, Índice de Desarrollo Humano 1999.

Bibliografía


DRAKE, Paul W. El movimiento obrero en Chile: De la Unidad Popular a la Concertación. Rev. cienc. polít. (Santiago), 2003, vol.23, no.2, p.148-158. ISSN 0718-090X.

FAZIO, HUGO. 2004. El amarre al modelo. LOM,

MELLER, PATRICIO. 1999. "Pobreza y distribución del ingreso en Chile (Década de los noventa)".

CEP. 1996 Quinto Estudio Nacional de Opinión Pública (Tercera Serie). NOVIEMBRE - DICIEMBRE 1996

BANCO CENTRAL, Octubre 2000. Los resultados macroeconómicos del gobierno de Eduardo Frei RT: Una evaluación comparativa

PNUD. 1999. Índice de Desarrollo Humano