DEMOCRACIA, POSMODERNISMO Y GLOBALIZACION:
“Desafíos sociales y políticos”
Para conocer nuestra realidad es necesario abordar el contexto global. Chile al igual que el resto de los países componentes de la sociedad de naciones transita por un camino o vía on way, que representa la globalización. Características que tienen la globalización de hoy. La primera, la globalización ha sido acompañada de una expansión del modelo económico capitalista. ¿Cómo afecta a la democracia? Ese es uno de los temas a debatir. Y segundo, el paso de una sociedad moderna a una posmoderna, ¿es posible entendernos como individuos colectivos?
El presente ensayo, más que explicar fenómenos contemporáneos en base a la globalización y el pos-modernismo, sólo intenta sobrevolar un debate pendiente entre Ciudadanía y democracia, a partir de estos fenómenos.
El continúo deseo de completar y acentuar la agenda establecida en el Consenso de Washington por parte de Chile ha significado al menos dos elementos: abrir el país al mundo lo que se denomina regionalismo abierto y el llamado laisse faire. Colocando en contraposición lo público versus lo privado durante el último decenio, destacando y gobernando la aparición del mercado como regulador y forma de organizar la vida, con nuevas formas de entender y formar la sociedad, creando normas, valores, costumbres y por sobretodo usos y medios para desenvolverse en sociedad. Esta nueva sociedad ha crecido no solamente económicamente, sino también socio-culturalmente. Lo privado ha supeditado a lo público, la cultura del progreso colectivo trascendió durante la época de pos-guerra y ahora se opacó por una nueva visión trasversal a lo colectivo; el individualismo.
Propiciar las políticas del Consenso de Washington, nos totaliza a defender el proceso de agregación global, integrar y modelar la economía nacional a la internacional, instalando la pregunta: ¿nuestra economía responde a nuestras demandas o a las demandas del extranjero? La respuesta no parece clara y los tecnicismos económicos tampoco parecen responder. Una aproximación económica diría que el mercado se auto regula, por tanto responde a ambas demandas. Sin embargo, el capitalismo globalizado es tan dinámico que la posibilidad de corroborar esta afirmación es casi nula. Por ello, es necesario abordar las interrogantes socio-políticas desde los procesos de ciudadanía–democracia–mercado–globalización.
La globalización ha entregado herramientas que hacen complejas nuestras interacciones en sociedad, partiendo desde una alta integración cultural y la capacidad de los medios de comunicación de masas para manejar y monopolizar la información no sólo sobre fenómenos locales sino también globales. En este sentido, la globalización ha hecho de la noción de ciudadano un concepto relativo. El ciudadano ha circulado a una mediación directa entre mercado y democracia, institucionalizando nuevos patrones de comportamiento en la sociedad civil. Es decir, el proceso que comenzamos a describir como globalización implica la pertenencia a una nueva estructura de comportamiento denominada posmoderna, ésta sitúa al ciudadano menos en la lógica del Estado y más en el mercado, basado en la producción cultural a escala y la permeabilidad del ciudadano hacia los medios de comunicación de masa que representan el llamado al consumo disgregado y segmentado de bienes, en cualquiera de sus formas.
Estos fenómenos, propios de la globalización y el pos-modernismo, nos conducen a la idea de fragmentación social, una idea de derechos por sobre valores que no logran conjugar la igualdad y la diferencia. Comenzamos a vivir nuevos patrones de relaciones sociales y políticas que inducen a pensarnos como individuos de derechos con valores culturales dicotómicos, que en primer lugar nos contrae a subjetividades sociales de los bienes para el bien y de objetividades culturales para lo colectivo. Las formas de encarar los bienes sociales por parte de individuos, distanciados culturalmente, se define no solo por la lógica del Estado como visión tutelante, sino por razones de convivencia y consenso entre las partes en disputa. Son estas nuevas formas de interactuar entre formas culturales distintas las que hacen más propia la democracia para los individuos.
En segundo lugar, el ciudadano anticipa la solución de conflictos sociales no desde problemáticas estructurales de la sociedad, sino, a la solución pragmática de controversias, asimilando la democracia no sólo como un sistema creador de normas, valores, costumbres, etc. sino también, como medio para el desenvolvimiento de cada individuo. La democracia no solo es normativa he institucionalizada formalmente, también se convierte en usos y medios de cada individuos en forma informal.
Estas nuevas formas de socialización política nos conducen a examinar la relación entre Estado–organizaciones políticas y sociedad civil, en su calidad de interacción entre ciudadano y democracia, ¿Cuan profunda es la democracia? ¿Cuan cercana es la democracia para los ciudadanos? Un examen directo a la situación de América Latina y especialmente Chile sería: situación de alta apatía política o desafección política que responde a una baja competencia política, donde el razonamiento es: “gane quien gane la situación no cambia”. Este razonamiento genera un clima socio-político de intemperancia social, motivado por la baja legitimación de ciertas políticas o por el bajo apoyo a un determinado gobierno. Asimismo, estos fenómenos se radicalizan entorno a la marginación de sectores sociales de lo político.
¿Es una secuela del mercado? ¿Cómo la democracia es afectada por el mercado? Las bajas competencias políticas son resultado de monopolios políticos que ordenan la agenda política. Estos son encaminados por intereses creados que en cualquier momento ejercen poder ya sea para modificar o mantener el status quo. Si estamos ante una nueva forma de relación socio-política ¿porqué se dan estos fenómenos, alta exclusión social y baja participación política? ¿Es el mercado dentro de la democracia únicamente un factor de concentración?
La democracia debe ser entendida como un sistema de valores y derechos que envuelven la competencia. Sí concebimos la democracia como un sistema de competencias schumperiano, los agentes o actores con mayores recursos e información generan relaciones asimétricas en las sociedades, es este el factor que ha hecho de nuestras sociedades y democracias un sistema desequilibrado. Si bien la globalización crea un escenario favorable hacia la democracia este puede ser en gran medida perverso sobre quienes tienen menor capacidad de integrarse o simplemente se ven amenazados por ella. Conectar democracia y globalización no es integrar el ciudadano a la democracia es transitar por un camino de curvas y precipicios que fuerzan a ciudadanos no asimilados con la democracia a convivir en un ambiente ajeno a sus intereses.
Es necesario absorber los beneficios que contrae la globalización pero también crear identidades colectivas con lo local. Hacer una relación ciudadano–democracia, significa acercar la democracia al ciudadano hacer de la democracia usos y medios para los ciudadanos pero para competir con igualdad y diferencia. Igualdad de derechos y no discriminación y diferencias entre intereses y concepciones socio-políticas. El crear oportunidades de integración a nivel estatal como es el libre mercado entre economías debe ser emulado a nivel nacional rompiendo las barreras entre ricos y pobres, disminuir los costos de participación política, aumentar la interacción de lo local con lo social y también la transparencia en la política, en la económica y en lo social.
“Desafíos sociales y políticos”
Para conocer nuestra realidad es necesario abordar el contexto global. Chile al igual que el resto de los países componentes de la sociedad de naciones transita por un camino o vía on way, que representa la globalización. Características que tienen la globalización de hoy. La primera, la globalización ha sido acompañada de una expansión del modelo económico capitalista. ¿Cómo afecta a la democracia? Ese es uno de los temas a debatir. Y segundo, el paso de una sociedad moderna a una posmoderna, ¿es posible entendernos como individuos colectivos?
El presente ensayo, más que explicar fenómenos contemporáneos en base a la globalización y el pos-modernismo, sólo intenta sobrevolar un debate pendiente entre Ciudadanía y democracia, a partir de estos fenómenos.
El continúo deseo de completar y acentuar la agenda establecida en el Consenso de Washington por parte de Chile ha significado al menos dos elementos: abrir el país al mundo lo que se denomina regionalismo abierto y el llamado laisse faire. Colocando en contraposición lo público versus lo privado durante el último decenio, destacando y gobernando la aparición del mercado como regulador y forma de organizar la vida, con nuevas formas de entender y formar la sociedad, creando normas, valores, costumbres y por sobretodo usos y medios para desenvolverse en sociedad. Esta nueva sociedad ha crecido no solamente económicamente, sino también socio-culturalmente. Lo privado ha supeditado a lo público, la cultura del progreso colectivo trascendió durante la época de pos-guerra y ahora se opacó por una nueva visión trasversal a lo colectivo; el individualismo.
Propiciar las políticas del Consenso de Washington, nos totaliza a defender el proceso de agregación global, integrar y modelar la economía nacional a la internacional, instalando la pregunta: ¿nuestra economía responde a nuestras demandas o a las demandas del extranjero? La respuesta no parece clara y los tecnicismos económicos tampoco parecen responder. Una aproximación económica diría que el mercado se auto regula, por tanto responde a ambas demandas. Sin embargo, el capitalismo globalizado es tan dinámico que la posibilidad de corroborar esta afirmación es casi nula. Por ello, es necesario abordar las interrogantes socio-políticas desde los procesos de ciudadanía–democracia–mercado–globalización.
La globalización ha entregado herramientas que hacen complejas nuestras interacciones en sociedad, partiendo desde una alta integración cultural y la capacidad de los medios de comunicación de masas para manejar y monopolizar la información no sólo sobre fenómenos locales sino también globales. En este sentido, la globalización ha hecho de la noción de ciudadano un concepto relativo. El ciudadano ha circulado a una mediación directa entre mercado y democracia, institucionalizando nuevos patrones de comportamiento en la sociedad civil. Es decir, el proceso que comenzamos a describir como globalización implica la pertenencia a una nueva estructura de comportamiento denominada posmoderna, ésta sitúa al ciudadano menos en la lógica del Estado y más en el mercado, basado en la producción cultural a escala y la permeabilidad del ciudadano hacia los medios de comunicación de masa que representan el llamado al consumo disgregado y segmentado de bienes, en cualquiera de sus formas.
Estos fenómenos, propios de la globalización y el pos-modernismo, nos conducen a la idea de fragmentación social, una idea de derechos por sobre valores que no logran conjugar la igualdad y la diferencia. Comenzamos a vivir nuevos patrones de relaciones sociales y políticas que inducen a pensarnos como individuos de derechos con valores culturales dicotómicos, que en primer lugar nos contrae a subjetividades sociales de los bienes para el bien y de objetividades culturales para lo colectivo. Las formas de encarar los bienes sociales por parte de individuos, distanciados culturalmente, se define no solo por la lógica del Estado como visión tutelante, sino por razones de convivencia y consenso entre las partes en disputa. Son estas nuevas formas de interactuar entre formas culturales distintas las que hacen más propia la democracia para los individuos.
En segundo lugar, el ciudadano anticipa la solución de conflictos sociales no desde problemáticas estructurales de la sociedad, sino, a la solución pragmática de controversias, asimilando la democracia no sólo como un sistema creador de normas, valores, costumbres, etc. sino también, como medio para el desenvolvimiento de cada individuo. La democracia no solo es normativa he institucionalizada formalmente, también se convierte en usos y medios de cada individuos en forma informal.
Estas nuevas formas de socialización política nos conducen a examinar la relación entre Estado–organizaciones políticas y sociedad civil, en su calidad de interacción entre ciudadano y democracia, ¿Cuan profunda es la democracia? ¿Cuan cercana es la democracia para los ciudadanos? Un examen directo a la situación de América Latina y especialmente Chile sería: situación de alta apatía política o desafección política que responde a una baja competencia política, donde el razonamiento es: “gane quien gane la situación no cambia”. Este razonamiento genera un clima socio-político de intemperancia social, motivado por la baja legitimación de ciertas políticas o por el bajo apoyo a un determinado gobierno. Asimismo, estos fenómenos se radicalizan entorno a la marginación de sectores sociales de lo político.
¿Es una secuela del mercado? ¿Cómo la democracia es afectada por el mercado? Las bajas competencias políticas son resultado de monopolios políticos que ordenan la agenda política. Estos son encaminados por intereses creados que en cualquier momento ejercen poder ya sea para modificar o mantener el status quo. Si estamos ante una nueva forma de relación socio-política ¿porqué se dan estos fenómenos, alta exclusión social y baja participación política? ¿Es el mercado dentro de la democracia únicamente un factor de concentración?
La democracia debe ser entendida como un sistema de valores y derechos que envuelven la competencia. Sí concebimos la democracia como un sistema de competencias schumperiano, los agentes o actores con mayores recursos e información generan relaciones asimétricas en las sociedades, es este el factor que ha hecho de nuestras sociedades y democracias un sistema desequilibrado. Si bien la globalización crea un escenario favorable hacia la democracia este puede ser en gran medida perverso sobre quienes tienen menor capacidad de integrarse o simplemente se ven amenazados por ella. Conectar democracia y globalización no es integrar el ciudadano a la democracia es transitar por un camino de curvas y precipicios que fuerzan a ciudadanos no asimilados con la democracia a convivir en un ambiente ajeno a sus intereses.
Es necesario absorber los beneficios que contrae la globalización pero también crear identidades colectivas con lo local. Hacer una relación ciudadano–democracia, significa acercar la democracia al ciudadano hacer de la democracia usos y medios para los ciudadanos pero para competir con igualdad y diferencia. Igualdad de derechos y no discriminación y diferencias entre intereses y concepciones socio-políticas. El crear oportunidades de integración a nivel estatal como es el libre mercado entre economías debe ser emulado a nivel nacional rompiendo las barreras entre ricos y pobres, disminuir los costos de participación política, aumentar la interacción de lo local con lo social y también la transparencia en la política, en la económica y en lo social.

1 comentario:
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